"Efectuar operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios"

Así define el diccionario de la Real Academia de la Lengua el término especular, con el siguiente apósito académico: usase, en sentido peyorativo. No tengo la menor idea del porqué.

Pero hay una segunda acepción que revela el sentido prístino del concepto. Especular viene de espejo, y más en concreto refiere a la imagen de un cuerpo proyectada en un espejo. Esa imagen especular ha tenido su recorrido semántico y supongo que adecuado: en efecto, la economía financista, el capitalismo financiero, los mercados, como lo quieran llamar no es más que imagen, economía virtual, falsa como todo lo virtual. De hecho, ¿qué es hoy un especulador? Pues aquel que trabaja con el dinero de los demás. Esta es la historia de la crisis económica actual: trabajar con el dinero del ahorrador -banquero-, del contribuyente -político- o del accionista -directivo de una multinacional-. En cualquier caso, el dinero de los demás. Incluso hay otro espécimen que también trabaja con el dinero ajeno: el empresario permanentemente endeudado, el apalancado. Y el dinero ajeno no tiene guardián.

Todo el problema de la crisis económica actual se llama especulación. El especulador es el rey, y es un rey un tanto chiflado porque ve la realidad como la niña Alicia: en simetría inversa, al otro lado del espejo. El especulador no produce algo para el bien común, simplemente comprar y vender. De ahí que otra definición de especulador sea este: aquel -aquéllos- personaje que, si desapareciera mañana, de un plumazo, borrado por un ángel del cielo… no pasaría absolutamente nada. Es más, el hombre trabajaría para vivir, que es para lo que fue creado, no para atesorar.

Y el problema no es sólo europeo, sino de todo Occidente. El problema de los países emergentes es otro: es la de la explotación de los trabajadores. Pero esa es otra historia.

Eulogio López

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