Ya he dicho que la reforma laboral de Mariano Rajoy no me gusta. O mejor, me gusta en lo que propugna, y aún se queda corta, pero no en lo que omite.

La reforma Fátima Báñez se queda incluso corta en materia de despido libre, porque el derecho a no ser despedido no existe, es más, existe el derecho a la propiedad privada, y el propietario es el empresario. El despido libre, por tanto, sí es un derecho.

La reforma, además, omite la principal causa para no crear puestos de trabajo: los altísimos impuestos laborales, que deberían cambiarse por IVA a no mucho tardar. Mejor hoy mismo.

Eso sí, a cambio de todo esto, el Gobierno debería haber elevado el salario mínimo y, con ello, los sueldos bajos vigentes en España. Lo que no se puede es pedir mucho a cambio de nada.

Eulogio López

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