Dos fueron los asuntos tratados en el Debate de Investidura, el que se supone más importante de una legislatura, su mismo inicio: crisis económica y nacionalismo.

No se habló de derecho a la vida -aborto, manipulación de embriones humanos, PDD, eutanasia, etc.-, ni de protección de la familia natural, ni de ninguna otra cuestión relevante pero molesta.

En materia "social", Rajoy seguirá los pasos de Zapaterismo porque el Zapaterismo sí cambió cosas -hacia el liberticidio y el homicidio, naturalmente- y don Mariano no quiere mover una coma.

Y eso que las cosas han cambiado: uno de nuestros lectores nos envía una carta en la que insiste sobre la idea de que la manipulación de embriones humanos como si fueran cobayas laboratorios (iniciada por el PP y llevado hasta la náusea por Zapatero y Salgado), no sólo constituye el nazismo de nuestros días sino que además ha resultado un fracaso terapéutico y científico de primer orden absolutamente innecesario. Y así es. Pero de esto, don Mariano ni palabra.

De hecho, un sólo diputado, el único que representa a UPN, Carlos Salvador, se atrevió a hablar de aborto durante el debate de investidura. ¡Bien por Salvador! Al menos podemos contar con una Señoría coherente. Porque el problema de PP es de incoherencia, de tibieza en el tratamiento de los valores no negociables.

Y con una actitud tibia no se defienden derechos humanos trascendentales. De hecho, el único momento en que don Mariano Rajoy habló del derecho a la vida fue al referirse al terrorismo. Bien está, desde luego, pues el terrorismo constituye una lacra feroz, sin duda, pero en los peores tiempos no ha llegado a asesinar ni a una persona por día. Por contra, 337 niños no nacidos, los más inocentes y más indefensos, fueron asesinados cada día, en el vientre de sus madres en un solo año: el de 2010. Y hablamos sólo de abortos quirúrgicos.

Eulogio López

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