Anda muy preocupado el Gobierno por la posibilidad de que la EPA del primer trimestre (se publica el vienes, es decir, que Valeriano Gómez ya conoce los resultados) alcance los 5 millones de parados.

De hecho, asegura que tal cosa es impensable pero no augura una buena cifra. Esto es, que la EPA del primer trimestre es mala pero no alcanza la pavorosa cifra de los cinco millones de desempleados.

Lo que demostrará esta nueva EPA calamitosa son dos cosas: Que la reforma laboral de septiembre ha sido un fracaso (ya contamos con dos epas desde su entrada en vigor) y que hay que ir a una nueva reforma, que apunte más hacia el despido libre -aunque indemnizado-. Es la única forma de terminar con la economía sumergida.

Lo segundo, es que la obsesión del Gobierno Zapatero por contentar a los mercados está haciendo que nos preocupemos del déficit público pero no del crecimiento económico. Y para crecer no hay otro camino que proteger a las grandes empresas estratégicas, y no traspasarlas a manos extranjeras, cuya principal preocupación no es la creación de empleo en España, y promocionar a la micropyme y al autónomo, sobre todo fiscalmente.

Ahora el Gobierno busca terminar con la economía sumergida para que las cifras oficiales de paro mejoren. Loable propósito, pero no debe conseguirse a golpe de sanación. En otras palabras, ¿por qué existe economía sumergida? Pues porque el empresario tiene miedo a contratar porque no hay forma de despedir, tampoco al trabajador vago, y porque los impuestos laborales son muy altos.

Conclusión, hay que ir al canje cuotas por IVA. Si el déficit no permite bajar los impuestos -todo indica que se van a subir- al menos que se reduzcan las cuotas y se suba el IVA, el impuesto sobre el consumo.

Sin despido libre -subjetivo, si lo prefieren- y con altos impuestos laborales, nadie se arriesga a contratar.

Eulogio López

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