• La Comisión abre expediente a Orange, Telefónica y Deutsche Telekom por entorpecer el tráfico de Internet de la norteamericana Cogent.
  • Una denuncia que ya fracasó en Francia.
  • Eso sí, en el entretanto el Ejecutivo europeo no mueve un dedo ante la caradura de Google, Microsoft o Apple.

Una vez superado el shock inicial ante la noticia de que la Comisión Europea (CE) está investigando a Telefónica, Orange y Deutsche Telekom, surge, evidentemente, la pregunta de cuál es la razón de esta investigación. Como todas las noticias que vienen de Bruselas, las filtraciones son las reinas, así que tenemos que darnos una vuelta por la prensa europea a ver si entendemos algo.

Tal como cuenta Le Figaro, la investigación se debe a  si se ha podido interferir de alguna forma el tráfico internacional de Internet (principalmente entre EEUU y Europa) de la operadora norteamericana Cogent, una de esas empresas ultra poderosas pero que nadie conoce. Lo que resulta paradójico es que la propia Cogent ya denunció a Orange en Francia y tuvo que tragarse su denuncia puesto que en 2012 la Autoridad de la Competencia del país vecino ya dio la razón a la operadora gala. Pero eso qué más le da al hombre inasequible al desaliento, el comisario Almunia. Como no tienen problemas las industrias europeas, él se dedica a meter el cazo en los que ya están resueltos.

Entiéndanme bien, cuando digo meter el cazo quiero decir intervenir… no llevarse a cambio nada, como parece que ya empieza a rumorearse en Bruselas. Ya había sentencia sobre las quejas de Cogent. Joaquín, déjalo estar y dedícate a lo importante.

Todo esto sería menos sospechoso si la CE mostrase el mismo celo para investigar a las grandes empresas norteamericanas que no pagan impuestos en Europa (Google, Apple o Microsoft) que en hacer redadas en las empresas europeas por denuncias estadounidenses. Pero ya se sabe que en las relaciones internacionales, siempre ha habido alguien con una posición preeminente (y por qué no decirlo, con ínfulas imperialistas muy mal disimuladas) y su correspondiente subordinado.

El problema viene, claro está, cuando el perro se pliega cada vez con más miedo a la voz de su amo. Aunque probablemente sea mejor no decir nada más, por si también nos están espiando…

Miriam Prat

[email protected]