Daniel Pérez Berlanga consideraba que la clase política le había arruinado la vida. Así pues, nada más lógico que consultar internet -todo está en internet- para construir un explosivo con dos bombonas de butano, viajar de Teruel a Madrid y estrellar su automóvil contra la sede del Partido Popular (como se puede ver en la imagen), con la esperanza, supongo, de que explotara, aunque era tan chapuzas que no sabía nada de termostatos y pidió que le sacaran de allí lo antes por aquello de que  iba a estallar en hora y media. Supongo que la duración de un partido de fútbol fue decisiva para llegar a tamaña conclusión.

A lo que estamos, Fernanda, que se nos va la tarde. No, el amigo Berlanga no es un producto de la corrupción y el mal hacer en el Partido Popular. Más bien es un producto de la exageración de las televisiones que se dedican a incendiar España. La culpa no la tiene el PP, la tiene el Duopolio televisivo, formado por Tele 5-Cuatro y Antena 3-La Sexta, que le han lavado el cerebro a Daniel, aunque lo cierto es que el cerebro de Daniel parece que ya andaba un poco tocado.

Con la excusa de la corrupción en media España, ha dejado de buscar justicia para buscar venganza
Tiene razón Dolores de Cospedal cuando afirma que la corrupción en el PP -o en cualquier otro partido- no es superior a la corrupción en toda la sociedad española. Lo cual significa, no que hay que transigir con la corrupción de los políticos y con la corrupción ciudadana, sino que no hay que transigir con ninguna de las dos. Y sin olvidar, claro, que hay españoles honrados y políticos españoles honrados.

Tan corrupta es la Gürtel como la desequilibrada eurodiputada de Podemos que ha justificado el alucinaje de don Daniel en la sede central del PP como una acción lógica ante los recortes del PP. Y la primera corrupción consiste en que media España -espero que no la otra media- no busca justicia sino venganza. Bueno y algunos ganar audiencia.

¿Justificación para los políticos No, pero no conviene ver la paja en el ojo ajeno y tampoco resulta muy inteligente suicidarse como país.

Eulogio López

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