En Dinamarca se ha pretendido llamar la atención arremetiendo contra la Religión Católica. Han estacionado junto a la catedral de Copenhague la efigie de una manceba embarazada y crucificada. Con esta acción pretenden contradecir la decisión de las autoridades de favorecen la abstención sexual hasta los esponsales como inmejorable vía para remediar la transmisión del sida o del estado de gravidez no querido.

Por otra parte, la Confederación Católica de Padres de Alumnos, ha saltado apoyando a los progenitores de los alumnos del centro público Hilarión Gimeno de Zaragoza, cuyo cuerpo de docentes ha dispuesto eliminar la fiesta de la Navidad. El secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, se ha pronunciado calificando de "forzado y hasta ridículo" que el instituto haya eliminado la festividad navideña para no lacerar los sentimientos religiosos de otras personas.

En un Estado aconfesional, no laicista, se deben respetar todas las creencias, de modo especial la católica, por ser la que eligen el 80% de los progenitores para sus benjamines. Esta realidad viola la libertad individual contemplada en el artículo 27 de la Carta Magna Española. Se exhorta a los padres a seguir reivindicando sus derechos, ante una violación de las raíces culturales y de la identidad del ser humano.

También en Valladolid se ha zaherido la libertad religiosa ya que, los progenitores de unos pocos estudiantes del Colegio Macías Picabea, exigieron que se suprimiesen los crucifijos de las clases porque perturban el diálogo, señalando que si no se acepta su propuesta apelarán ante los tribunales de justicia. La Junta de Castilla y León razonó que el icono de Cristo crucificado no daña la armonía entre los alumnos de un centro educativo.

Un caso idéntico se ha producido en Roma. El supremo ha ratificado que "los crucifijos se mantendrán en las escuelas porque representan, de forma sintética e inmediatamente perceptible, los valores civilmente relevantes".

Siempre he afirmado que, el ataque a la religión, es el arma de los cobardes.

Clemente Ferrer
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