El primero lleva la firma de Julio Montero y lleva el título de Adiós, analógicos, adiós. Montero, que posee una gran capacidad de síntesis, nos anima a caer de la burra, no ya a los analógicos, sino a todos los prehistóricos de la digitalización. Vamos, que no hay nada que hacer: perded toda esperanza.

Merece la pena leerlo, incluso para caer en la cuenta de todas las contradicciones, y las tontunas, de la vanguardia digital, así como los palos que esas vanguardias nos atizan.

Libro ameno, esclarecedor, rápido, que nos sirve hasta para palpar la contradicción suprema de que para enterrar el mundo analógico se apele al arquetipo de lo analógico y el principal baluarte frente a la ofensiva digital: un libro, escrito blanco sobre negro, en papel. Un detalle que no pone en duda la coherencia del relato pero sí la tesis principal del mismo.

El segundo es un libro sorprendente. Se titula España, el nuevo idealismo, de Antonio Yuste. No le conozco pero es de esos comunicadores que no quiere crear medio propio, que ha montado su propio periódico individual, algo hoy posible, sólo hoy, gracias a Internet.

Yuste ha escrito un ensayo en estado puro, es decir, deductivo en estado puro, con un lenguaje agresivo, que me recuerda al de Salvador Sostres y otros articulistas pero un poco más clásico. Toca todos los temas y si intentara resumirlo, y es costoso, diría que propone una nueva regeneración española, lo que no nos vendría nada mal, por cierto.

Quizás toca demasiados asuntos y me sorprenden sus conocimientos, por ejemplo, de los mercados financieros. Por mi trabajo estoy acostumbrado a verdaderos sabios que patinan ferozmente por ignorar algo tan simple y sofisticado, tan simplón pero ultracomplicado, como son los mercados financieros.

No sé si el conjunto de sus propuestas para ese nuevo idealismo forman un todo coherente pero sí sé que todas ellas tienen algo que decir. Especial atención merece la descripción certera de las consecuencias de la baja natalidad española y el odio a la reproducción, un verdadero suicidio colectivo, pero no es, ni mucho menos, el asunto más tratado.

Montero es sarcástico, Yuste tremendista, pero ambas obras merecen la pena.

Eulogio López

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