El Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatológica de la Obesidad (CIBERobn) ha dado a conocer los múltiples beneficios de la siesta sobre la obesidad, sobre todo en los niños.

 

Este centro experimental ha demostrado que la calidad del sueño afecta directamente nuestros ciclos circadianos, sobre todo en niños. Cuando estos ritmos se alteran, todo nuestro metabolismo sufre una descompensación que produce la gordura.

También se ha comprobado que una de las mejores precisiones para mejorar la memoria es el reposo después de la comida, pero hay otros muchos que proporcionan el descanso adecuado. El centro CIBERobn tiene líneas de investigación que relacionan el sueño y el desarrollo de la obesidad. No les cabe la más mínima duda de que la relación es directa, científicamente comprobado.

Uno de los hallazgos más importantes consiste en que la falta de sueño eleva los niveles de grelinas, y como sabemos esta hormona tiene relación directa con el hambre. A mayor grelina presente en el organismo, más hambre se tiene.

Otro descubrimiento crucial es que el no dormir disminuye los niveles de leptina, y esta hormona tiene íntima relación con la delgadez. Entonces el cóctel está servido: el mal sueño aumenta la grelina y disminuye la leptina.

Por otra parte, aunque íntimamente relacionado con la leptina, al dormir mal, el apetito es mayor, y esto se debe a los bajos niveles de leptina que suprimen el hambre. Si falta la leptina se dispara una señal que le dice al organismo "hay falta de reservas energéticas, debes comer más".

Otro estudio muy interesante es el que ha realizado el Hospital University Germans, publicado en la revista Obesity, donde aseguran que los obesos que pierden un 10% de su peso corporal disminuyen las apneas en más de un 25%, lo que afecta directamente la calidad del sueño.

Así que la recomendación es clara: hay que dormir más. Pero eso sí, como dijo Woody Allen: "Hay que dormir ocho horas y trabajar ocho, ¡pero que no sean las mismas!"

Clemente Ferrer

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