Hoy es siete de octubre, aniversario de la batalla de Lepanto, donde combatiera el gran Miguel de Cervantes. Y festejamos, también, la festividad de la Virgen del Rosario, una de las advocaciones marianas más repetida en todo el orbe cristiano.

En Lepanto, junto al Golfo de Corinto, se trataba de detener el avance musulmán en el Mediterráneo, al turco, el de la Alianza de Civilizaciones.

Detener su idolatría, su afición al esclavismo y la poligamia, ya absolutamente fuera del plan de Dios. Fue España, con el insigne Juan De Austria al frente, tan sólo apoyado por un par de republiquillas italianas, quien obedeció al Papa Pío V y se puso al frente de la flota cristiana. Por cierto, al insigne don Juan, sólo le han dedicado en Madrid una calle de escaso vuelo, aquí, al lado de Hispanidad, desde donde escribo -al menos en la ciudad de Madrid- a este cristiano valiente, que, de haber sido francés, o británico, o alemán, sería considerado una de las grandes glorias patrias.

Fueron los españoles quienes aportaron la mitad de las embarcaciones y Pío V quien encomendó a Nuestra Señora, con el rezo del Rosario, según cuentas los cronistas, la victoria de las armas cristianas. Por de pronto, Lepanto supuso la liberación de 12.000 cristianos esclavizados por los mahometanos.

Chesterton aseguraba que la historia del mundo, y la de las siempre difíciles relaciones entre España y Gran Bretaña, hubieran sido distintas si Juan de Austria hubiese matrimoniado con María Estuardo, Reina de Escocia. Pero ya con Lepanto podía considerar que su vida había tenido sentido: se detuvo el peligro serio de que todo el mediterráneo occidental, Roma incluida, cayera en manos de los turcos. O sea, como ahora mismo Europa peor por otros medios.

Digo que hoy, siete de octubre, conmemoramos la batalla de Lepanto y la Virgen del Rosario. El padre Pío gritaba aquello de "¡Dadme el arma, dadme el arma!" cuando quería que le trajeran el rosario, que constituye, en efecto, una de las armas más poderosas para los cristianos del siglo XXI. Es más, la gran batalla que se avecina, entre la Iglesia y el Mundo, será la batalla de la Eucaristía, ésa que algunos documentados confunden con el fin de los tiempos. Y el arma más eficaz contra el enemigo es el santo rosario.

¿Una oración de repetición, cotorril Esto me recuerda cuando al Papa Benedicto XVI le hablaban de novedades en la liturgia. Respondía: "La liturgia no es innovación es repetición solemne". Como el rosario.

En Lepanto, con el arma del Rosario detrás, España detuvo la herejía islámica en Oriente al igual que les costó 700 años expulsarles de su propia tierra, es decir, del Occidente europeo. En Lepanto, España acudió al llamado del Papa, mientras otras potencias cristianas miraban hacia otro lado. Al final, serían tan agraciadas con la victoria española en Lepanto como la propia España o la propia Venecia, que también participó en la refriega.

De la misma forma, la herejía luterana, avanzó hacia Tarifa lo que le permitieron las armas españolas. Pero aquí seguimos dedicando calles menores a Juan de Austria y la TV pública emite una versión edulcorada de Isabel la Católica, la mejor reina con la que haya contado España. Los progres siempre hacen lo mismo: exigen que la mujer tome el poder pero cuando una mujer como Isabel la Católica ejerce efectivamente el poder en coherencia con sus principios cristianos, se olvidan de su tarea social y su papel histórico y se ciñen al papel que realmente desean para la mujer: un ser nacido para complementar al hombre con amoríos más o menos fieles (y si resulta fiel es que era una beata anticuada).

Simplemente porque somos así de lelos.

Y vamos a tener dos 'festejos' más esta semana: el día de la Hispanidad y la canonización de 500 mártires de la guerra civil, que fue otro Lepanto. En Corinto detuvimos la herejía islámica; en la Guerra Civil los españoles detuvimos la revolución comunista. No es de extrañar que los progres odien a España, porque no pueden olvidar su primer apellido, al menos su primer apellido del pasado: España cristiana, tierra de María, tierra del santo rosario.

Uno no es el más patriota del mundo, pero no patriotismo es también recordarle a la patria sus defectos y agradecer a sus ancestros sus glorias.

Eulogio López

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