Miriam Prat publicaba ayer una exclusiva en Hispanidad: el informe que el Consejo Empresarial de Competitividad (las 17 empresas más importantes de España) han enviado al Ejecutivo Zapatero lo que debería ser, según ellos, una reforma laboral, la segunda, dado que la de septiembre ha supuesto un nuevo incremento del paro.

Para los grandes empresarios, "las Empresas que suscriben este documento, comprometidas con la competitividad de la economía española, creen que es necesario mejorar el actual marco laboral español para dotarlo de mayor flexibilidad y para facilitar la creación de empleo".
Además de las referencias a la negociación colectiva, los grandes empresarios proponen el 'despido subjetivo', precioso eufemismo con el que se refieren al despido libre, aunque pagado, según una tabla de indemnización descendente.
Y no me parece mal. Ya he repetido, hasta demasiado, que la única reforma laboral capaz de generar empleo es ésta: "Despido libre a cambio de salarios dignos".
Despido libre, porque el empresario no es un malvado que goza despidiendo trabajadores: contrata cuando tiene facturación y despide cuando no la tiene.
Por otra, el gran problema económico de España es el paro, pero el segundo son los salarios ridículos que cobra una buena parte de la población, especialmente los jóvenes. En otras palabras, estoy convencido que los españoles, especialmente los jóvenes, aceptarían de buen grado el despido libre si a cambio el salario mínimo interprofesional, que marca el resto de salarios, ascendiera hasta los 1.000 euros netos.   
Dicho todo esto tiene su gracia que sean las grandes empresas las que pidan una indemnización progresiva. En efecto, las indemnizaciones lineales son injustas y en caso de crisis, el coste de las mismas puede llevar a una empresa al cierre pero sorprende, no poco, que los latos directivos de las grandes operaciones casi siempre pactan sabrosos blindajes para asegurar su salida, en muchas ocasiones bajo la fórmula de cobro "tanto si me voy, como si me echan".
Moraleja: es lógico reducir las indemnizaciones por despido pero aún lo es más suprimir los blindajes de la alta dirección.
Eulogio López
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