En el PP de Alicante hay un guirigay montado a raíz del beso lésbico de la alcaldesa de la ciudad, Sonia Castedo. La foto (en la imagen) fue tomada en el marco de una entrevista al portal de orientación gay Nosgustas y, claro, ha puesto en un aprieto al híbrido Partido Popular. La edil, además, largaba de todo: de su futuro político, la corrupción y cómo no, del mal llamado matrimonio homosexual. Mal llamado por muchos motivos, pero fundamentalmente por uno: porque eso es imposible. Hasta el mismísimo Cicerón, ciudadano de un imperio que no se rasgaba precisamente las vestiduras por muchas cosas, se asombraría del rumbo de los acontecimientos 20 siglos después. El imperio romano, al margen de su metralla civilizadora o sus sibilinas barbaridades, sabía llamar a las cosas por su nombre.

 



El caso es que, como digo, la alcaldesa la ha montado, pero posiblemente lo de menos es por las chorradas que ha dicho (después enumero algunas) a la periodista de apodo nada sospechoso: 'Sunflower'. Ella quiere llamarse así y no se pone roja. El problema real que tiene el PP de Alicante con la alcaldesa es muy sencillo: no sabe cómo quitársela de encima, porque su nombre está asociado indefectiblemente al caso de corrupción 'Brugal', en el que está imputada (recuerdo: tráfico de influencias, cohecho y revelación de secretos, todo presunto). Pero si deja o la echan del partido, el PP posiblemente pierda esa alcaldía.

Es fácil concluir, por tanto, que el verdadero problema del PP no es Alicante sino otro mayor: que no se aclara. Y cuando un partido no se aclara, un día dice una cosa y al siguiente, la contraria. Y cuando eso ocurre, como siempre en estas cosas, un día deja tirados a un millón de votantes y al siguiente, a otro millón. Por eso es importante un programa electoral y lo menos ambiguo posible. Pero, caramba, es el PP, qué le vamos a hacer. Pedir convicciones a la derecha organizada es como pedir peras al olmo. Entre otras cosas porque con esa misma ambigüedad quiere pescar votos tanto entre los que tienen profundas convicciones como entre los que juegan en campo contrario.

El verdadero problema del PP no es que pierda una alcaldía o una autonomía, sino otro mayor: que no se aclara
Entro ya en la entrevista de marras, que tachan en el PP de populista. ¡Qué cosas! La verdad es que no se aclara mucho la buena señora de lo que dice. A lo del 'matrimonio homosexual' contesta, por ejemplo, que "no me gusta que se juzgue a la gente por estereotipos", cuando no se trata -la señora lo confunde todo, conceptos y orientaciones- de eso precisamente, de tratar a nadie por estereotipos, y añade, para colmo, que "todavía está esperando que alguien me explique por qué no" (sic). En el PP, es obvio, no se lo van a explicar. En fin, brota el mismo pedo mental cuando le preguntan por la reforma del aborto de Ruiz-Gallardón, que espera al último tramo de la legislatura para dejar, como Lampedusa, las cosas como están (eso sí, entre grandes laberintos semánticos para que lo que se va a aprobar no parezca lo que es). La respuesta de la alcaldesa es que le duele mucho que le pregunten por eso porque está dividida: "Cada ser es dueño de su vida y de su cuerpo. Yo no mando en ti, pero no voy a permitir que mandes en mí" (sic). Ni una palabra, entre su profunda división interna, sobre el bebé, que es el que se mata en un aborto, a pesar del mandamiento de la vida, que está muy por encima, gracias a Dios, de todo lo demás. Cicerón, que no era ningún frívolo, dice a ese respecto que "existe, de hecho, jueces, una ley no escrita, sino innata, que no hemos aprendido, heredado, leído, sino que de la misma naturaleza hemos tomado, exprimido, apurado, ley para la que no hemos sido educados, sino hechos, y en la que no hemos sido instruidos, sino empapados" (sic).

Una coletilla final. A la pregunta de cómo le afecta la palabra corrupta, contesta lo siguiente: "Mi madre dice que viendo la televisión parece que ha parido a la hija más corrupta de este país" (sic). No da para más.

Mariano Tomás

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