Merece la pena leer el mensaje del Vaticano en Naciones Unidas sobre la actitud de muchos gobiernos, que pretenden censurar, incluso penar, cualquier crítica a la homosexualidad.

Toda esta campaña gay parte de la curiosa idea de que oponerse a la homosexualidad es marginar al homosexual, como si oponerse a la pobreza fuera marginar al pobre.

Por lo demás, el Vaticano se está quedando sólo en la defensa del sentido común. Y el sentido común asegura que la sexualidad humana no puede parecerse a la del perro, y que el concepto de compromiso -para cualquiera- y de entrega de uno mismo -para los católicos, que somos más exigentes con nosotros mismos- es lo único que puede salvarnos de convertir el mundo en una casa de lenocinio, un manicomio o en un mundo sin seres humanos.

Eulogio López

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