Antes de nada, ruego se lean la siguiente noticia publicada en La Vanguardia. Ha pasado un tiempo pero conserva su más fresca y penosa actualidad. Merece la pena, se lo aseguro.

El reportaje lleva por encabezamiento que la Universidad de Lovaina, en Bélgica, se está replanteando su identidad católica.

El rector del veterano centro académico lo explica con gran precisión: al parecer, los académicos están exasperados por la actitud del Vaticano. Mark Waer, el señor rector, se lamenta de la intransigencia eclesial. Figúrense que Roma ha pedido a los profes que expliquen por qué se dedican a la investigación con embriones. ¡Es el colmo! Cuando, además, como asegura nuestro Waer, con la fecundación in vitro el problema de los embriones desaparece. ¿Por qué? ¿Acaso ya no vayan a emplear embriones? No, porque con los sobrantes de la FIV no hay problema de existencias. Tenemos cobayas humanas sin límite.

La pérfida actitud vaticana resulta incomprensible considerando la tolerante y dialogante actitud del rector. Ojo al dato: La Iglesia católica atraviesa serios problemas. Pienso que cada vez hay menos creyentes y vocaciones, y no solamente por los escándalos sexuales... Qué deprisa, por cierto, reaccionan a unas cosas mientras que a otras...".

¿Lo ven? Nuestro científico tiende la mano y los curas la muerden. Y claro, así no puede ser. En el colmo de su locura, los curas piensan que por el hecho de ser una universidad católica debe cumplir los principios católicos. ¡Qué tontería!

¿Alcanzará la secularización de la sociedad europea a la universidad católica más antigua del mundo?, se pregunta, presa de emoción, el cronista vanguardista. No responde ciudadano Waer, cuyo proceso de canonización debería comenzar en vida: "La posición mayoritaria es que no porque tu familia esté en dificultades hay que abandonarla; al contrario, debemos tratar de ayudar. Pero creemos que el problema está en la jerarquía de la Iglesia, veremos si quiere escucharnos.

¿Comprenden? Nuestro rector no desea irse de la Iglesia. Lo único que pide es que la Iglesia modifique su vetusta doctrina -los mandamientos y cosas así- y se adecúe al mundo, mismamente al magisterio Waer. Pero claro, con una intolerancia tan recalcitrante es que no hay forma. Ya lo decía mi abuela: cuando la cabra tira al monte

Y es que, miren ustedes, esto de que los dioses se comporten como si fuesen amos tiene que acabarse.

La petulante necedad del rector Waer es un buen reflejo de lo que ocurre en la Iglesia, uno de cuyos principales problemas ya no es de obediencia sino de identidad. A nadie se le obliga a ser católico, ni tan siquiera al rector Waer. Ahora bien, si una institución fundada por la Iglesia en 1425, pretende llamarse católica lo lógico es que se comporte como tal. Nadie obliga a sus profesores a enseñar e investigar en la Universidad de Lovaina. Si no está de acuerdo con los principios de la Iglesia católica lo que tiene que hacer es marcharse a otro sitio.

Sí, el mensaje del Papa tres veces lleva insistiendo en ello- era pertinente: las universidades católicas tienen que ser católicas. Una tautología sí, pero, en un mundo de disparates, el único argumento viable es la tautología.

La segunda conclusión es que el enemigo está dentro. El mayor adversario del Cristianismo en el momento presente es aquel que no pretende destruir la Iglesia sino conquistarla. El mayor reto del Cuerpo Místico de Cristo no está en tierras del Islam sino en los católicos que pretenden la infalibilidad papal que tanto vituperan. Son enemigos temibles. Podríamos denominarles aprendices de Papa.

Deja a Dios ser Dios, clamaba Francisco de Asís. Ahora tendríamos que modernizar el consejo: Dejad al Papa ser Papa.

Eulogio López

[email protected]