Un día de éstos acudía a una tertulia televisiva en un canal de derechas de toda la vida. Allí figuraba un tertuliano profesional, muy profesional.

Resulta que un provida reprochó al Gobierno las subvenciones a esas maravillosas ONG que son las clínicas abortistas... y entonces nuestro hombre se molestó. En primer lugar, aseguró que se trataba de una partida menor y que, en cualquier caso, no había necesidad de hablar de nuevos "recortes de derechos". Sorprendente, la cosa. En primer lugar me entero de que el aborto es un derecho, aunque no es la primera vez que recibo noticia de tamaña sandez.

Y aún más llamativo resulta la aseveración de que hablar de aborto no hace intelectual y que hablar de derecho a la vida es poco menos que una grosería.

Y lo malo es que es cierto. Defender la vida no hace intelectual. Millones de personas llevan 30 años de era abortera mirando hacia otro lado para no comprometerse. Pero resulta que el asesinato de concebidos y no nacidos no sólo es un asunto importante, sino que es la clave del siglo XXI. Juan Pablo II explica en 'Evangelium Vitae' que si la gran contienda social del siglo XX había sido la batalla entre libertad y regímenes totalitarios, la del siglo XXI será el choque entre "la cultura de la vida y la cultura de la muerte".

Es más, Wojtyla sostenía que "la democracia sólo podía subsistir" si la maquinaria de Gobierno se asentaba sobre esa cultura de la vida, entre otras cosas porque sólo quien contempla la vida como un don, y no como una molestia, puede sostener una cultura "de los derechos humanos", la base de la democracia.

Es lógico, al final, hemos llegado donde hemos llegado por la cosificación del hombre, un proceso muy similar al de los tiempos de la esclavitud, que se conoce como la cosificación del ser humano. Al sustituir la gestación natural por la "fabricación" de personas, no sólo estás convirtiendo al otro en un objeto sino que estás diciendo quién tiene derecho a vivir y quién no. Al final, aborto y eugenesia son una misma cosa: suponen la eliminación del débil antes de que pueda defenderse.

Si de derecho a la vida hablamos el único consejo posible es este: "No callar ni debajo del agua".

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com