Craso error: ahora no sólo tendrán que salvar bancos, sino deuda

 

Dexia ha caído porque ha hecho lo que pretenden los políticos: que el dinero de la banca se dedique a comprarles su deuda. Lagarde advierte de una nueva recesión mundial en 2012, al juntar deuda pública impagable y una economía que no crece por los ajustes para poder pagar esa deuda.

Los ministros de Economía de la Eurozona estaban intentando apagar el fuego de Grecia -en huelga general- y se topan con la quiebra de Dexia, que ha colapsado a los gobiernos francés y belga.

Y lo que es peor, se iba imponiendo la sensata postura de dejar quebrar a Grecia -si lo prefieren, una quita sobre la deuda- y ahora la Unión no tiene la fuerza suficiente para dejar quebrar a Dexia. Es decir, se trataba de salvar deuda soberana y ahora se trata de salvar, además, a un banco privado, en lugar de dejar quebrar a ambos. Ya tenemos dos efectos dominó: el privado y el público.

Y Grecia está unida a Dexia. En otras palabras el banco europeo se ha hundido por especular con deuda griega, es decir, por su codicia en extorsionar a los griegos exigiéndoles unos intereses por la deuda que sencillamente no pueden pagar.

Y es cierto que a los rectores de Dexia se les puede acusar de codicia pero también lo es que los políticos obligan a los bancos a comprar deuda pública, que es la inversión que menos recursos propios consume, mientras penalizan todo crédito destinado a hipotecas de particulares, a empresas y a inversión en renta variable. En definitiva, los gestores de Dexia son culpables pero más lo son los políticos que le obligan a invertir en deuda soberana, en "su" deuda soberana.

En resumen, por no dejar quebrar a la deuda griega, en beneficio de los inversores en esa deuda y a cargo del bolsillo de los ciudadanos, estamos donde estamos. Ahora se repite el mismo error con Dexia: sacarla con dinero público, lo que hará que detrás de Dexia, puedan venir otras entidades.

Y encima, la directora del FMI, Christine Lagarde, especialista en dar malas noticias y provocar malos hechos, anuncia otra recesión para 2012. Claro que su ascendencia francesa le lleva a confundir una recesión mundial con una recesión de Occidente. En efecto, las economías occidentales, sobre todo la española, no crecen, pero los países emergentes, los menos financistas, vaya que crecen: como nunca.

Miriam Prat

[email protected]