Dice el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que le van a hacer una huelga general. Con ello, supongo, quería ganarse el aprecio del masoquismo europeo, que exige a España todo tipo de autoflagelaciones sin que quede claro qué otorgará a cambio.

En cualquier caso, aquí todo el mundo se ha echado a temblar.

No es para menos: si el presidente presagia una huelga general es que la reforma será radical, que es lo que debe ser, si entendemos bien el adjetivo.

Enfrente, se sitúa Cándido Méndez para quien ninguna reforma laboral creará empleo. Pues no parece muy lógico. Sobre todo pensando que el caso español es absolutamente singular: economías en mal estado, como la británica, que apenas crecen, mantienen una tasa de desempleo que es un tercio de la española.

Veamos: para que España cree empleo precisa que lo cree el emprendedor. Por tanto, las dos ideas madre deberían ser las siguientes:

1. Créditos, a ser posibles públicos, para montar una empresa, para que el parado organice su propia máquina de facturar. Si yo fuera Don Mariano, gritaría a todos los parados que no buscasen empleo sino que crearan su propio empleo.

2. Y, sobre todo, reducir los impuestos laborales, financiar las pensiones y el subsidio con un incremento del IVA y aumentar el salario neto, sobre todo los salarios bajos, o no repuntará el consumo.

El momento parece idóneo: con un IPC en el 2% y bajando, con países como Francia, que han subido el IVA hasta el 21,1, mientras España mantiene el tipo regular en el 18%. Además, con el IVA favorecemos las exportaciones y gravamos las importaciones, es decir, creemos empleo dentro, no fuera.

Eso es una reforma radical ante una radical necesidad de modificar el mercado laboral.

Eulogio López

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