"No voy a ceder, el Gobierno alemán no va a ceder". Lo bueno que tienen los germanos es que se les entiende muy bien.

Ante la próxima Cumbre europea del jueves -histórica, según los amantes del tópico- donde todos presionan a Berlín para que ponga más dinero para rescatar a Grecia, Angela Merkel ha hecho lo que hacen los políticos en la sociedad de la información: convocar a un canal de TV y enviarle un mensaje anticipado a aquéllos que va a ver el próximo jueves cara a cara.

Yo tenía un jefe, en cierta agencia de noticias en la que trabajé, que, cuando negociaba con la redacción las condiciones salariales empezaba explicando lo que estaba dispuesto a conceder. Luego concluía: "Mi posición es firme". Vamos, que no le iban a sacar de su firme posición ni muerto. Pues Merkel hace lo propio.

Y lo bueno es que la cancillera en este punto -lo cual demuestra que siempre hay algo nuevo bajo el sol- anda cargada de razón. Rescatar a Grecia significa que luego habrá que rescatar a toda Europa, el cuento de nunca acabar. Si el problema es la deuda, y lo es, no puedes ofrecer como solución la prolongación de la agonía deudora, la estafa piramidal de la deuda pública.

Ahora bien, aquí sucede lo mismo que con la otra revolución necesaria, la del mercado de trabajo. El despido libre es tan justo como necesaria la necesidad de reducir los subsidios de paro y los impuestos laborales. Pero no puedes exigirles ese esfuerzo a los trabajadores sin darles nada a cambio. A cambio, en España, hay que subir los salarios, porque en España se cobra muy poco y a muchos les sale más a cuenta vivir del paro que del empleo precario y mal pagado. Es definitiva, en España es preciso que el salario mínimo, por una jornada laboral de cuarenta horas semanales, suba desde los 630 euros actuales a los 1.000. No hay que reducir los salarios sino los impuestos y las subvenciones públicas.

Pues con Europa lo mismo. Merkel tiene razón: si gobernantes irresponsables han emitido deuda sin ton ni son lo que hay que hacer es dejarles quebrar. Eso exigiría a los ciudadanos de esos países apretarse el cinturón, pero una sola vez. Con la técnica de los rescates actuales, que no son rescates de la economía griega sino de la deuda griega, los griegos vivirán en ajuste permanente y en depresión económica igualmente eterna.

Por tanto, hace bien Merkel en negarse a los requisitos de los miopes, como el presidente español Rodríguez Zapatero, que pide más rescate en nombre de la unidad europea. Ahora bien, a cambio debe ofrecer esto: volver a la Unión Europea de siempre, la diseñada por Robert Schumann: cambiar la Europa de la deuda por la Europa del presupuesto común solidario. En otras palabras, que la deuda griega quiebre pero que no quiebren los griegos: hay que aportar más fondos a los fondos comunes, según riqueza, que es como se ha construido la Europa de la solidaridad. Fondos para reactivar la economía que, por cierto, será la única forma de que la siguiente generación de griegos -y de irlandeses, portugueses, españoles, italianos, etc.- pueda pagar la dichosa deuda. ¿O es que alguien cree que pagando a los especuladores sus intereses abusivos la economía griega va a crear empleo? Lo que hará será destruirlo.

De esta forma, además, los alemanes se ayudarán a sí mismos. Toda la economía alemana está montada sobre la relevante cuota de mercado conseguida por su industria en el conjunto de la Unión donde vende buena parte de sus productos "made in Germany". Y si Europa no le compra sus productos porque vive en recesión permanente, que Alemania se olvide de su pujanza económica.

Necesitamos una nueva Europa, que no es más que la vieja Europa de los padres fundadores, la Europa de la solidaridad. Por cierto, una Europa forjada por políticos cristianos con principios cristianos, hoy sustituidos por políticos demagogos al servicio de los mercados financieros.

Eulogio López

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