El pasado sábado La 2 emitía un reportaje sobre la estancia de los Beatles en España durante el Franquismo. En un momento dado, uno de los organizadores explica que, para entablar conversación con los cuatro Beatles, les explicó que él conocía a Brian S. Epstein, el histórico manager del cuarteto, amén de reconocido homosexual. La reacción de Lennon, el intelectual del grupo, no lo olvidemos, resulto jocosa:

-¿Conoces a Brian Pues ya sabes, culo en pared.

Conviene recordar que Lennon (en la imagen) se convirtió con los años en el ídolo progre de la historia, especialmente tras su alianza con la artista conceptual Yoko Ono. Y ya lo ven: este es el problema, que Lennon era un homófobo de mucho cuidado. 

Yo fui toda mi infancia y juventud un fan de los Beatles. Mi esposa, entonces novia, recuerda con pavor aquellos paseos en que le explicaba, en sesiones de oro y hora y media, los profundos mensajes de cada composición de los cuatro melenudos. Luego maduré y entonces me convertí en hincha de su música y les vi como lo que siempre fueron: cuatro macarras de Liverpool con un talento espléndido para componer. Y que las letras eran propias de adolescentes que creían poder curar el cáncer con compresas y cambiar el mundo haciendo el amor, especialmente esto último. 

Esto de la madurez, si se lleva con un mínimo de ecuanimidad, resulta estupendo, porque ubica cada cosa en su lugar. El comentario de Lennon puede ser poco caritativo pero es lo que siempre ha pensado la humanidad desde sus inicios: que la homosexualidad es una aberración. Ni más ni menos.

Como buen progresista, Lennon odiaba el pecado pero no amaba al pecador. Para él el homosexual resultaba despreciable y lo que había que hacer era poner "culo en pared" y supongo que no agacharse en su presencia recoger una moneda del suelo. No lograba verle como un ser humano que precisa ayuda para salir del infierno donde se ha metido o donde le han metido pero, al menos, llamaba a las cosas por su nombre y no le gustaba -citando a Camilo José Cela- tomar por el culo.

Y es que Lennon estaba en la modernidad no en la postmodernidad. La diferencia está en que el moderno violaba la ley natural porque le resultaba placentero. El postmoderno quiere convertir su aberración en ley moral.

Eulogio López

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