En distintas ciudades españolas se han celebrado este sábado manifestaciones que solicitan la libertad del fundador de Wikileaks, Julián Assange, bajo el lema libertad de expresión.

Barack Obama se ha enfadado mucho y ha calificado de irresponsables las filtraciones de Assange. Tenga cuidado, porque si un político acusa a alguien de irresponsable es porque su venganza será secreta. Si le acusa de ilegal, le manda a la fiscalía y santas pascuas.

Volvamos a Assange, convertido ahora en héroe mundial. Servidor razono como periodista por lo que ya he dicho que no estoy dispuesto a condenar el fenómeno wikileaks, ahora centrado en la filtración de los documentos de la diplomacia norteamericana. Ahora bien, no me gusta nada esa identificación entre la detención de Assange (detenido además, por una cuestión sexual) y la libertad de expresión.   

Verán: sólo hay algo peor que una sociedad cerrada en la cúspide: una sociedad abierta en la base. Recuerden el 1984, de George Orwell: la feroz tiranía que relata no es un mundo cerrado, sino la de unos ciudadanos vigilados por cámaras y micrófonos hasta en la cama. Eso sí, se trataba de una sociedad opaca en el poder y transparente en el pueblo. Y sí es cierto que Wikileaks ha publicado los secretos  del poder, no los del pueblo. Ahora bien, ha publicado comunicaciones robadas y, ¿quién me dice que los mismos métodos utilizados para robar información de los poderosos no se están utilizando para robar información privada hasta destrozar la intimidad del individuo?

El problema de Assange no es de libertad de expresión sino de robo, y de la creación de un mecanismo para ese robo que no tiene fronteras, tampoco la de la intimidad personal.

Con la libertad de expresión ocurre lo mismo que con el pensamiento, con las personas que piden una mente abierta. Recuerden a Chesterton: Tener la mente abierta es como tener la boca abierta: un síntoma de estupidez. Las mandíbulas sólo se abren para cerrarlas sobre algo consistente.

Eulogio López

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