Golpes ante el Congreso: antisistema, es decir, lo que antes llamábamos revolucionarios, contra antidisturbios. Uno de los portavoces exclama ante los micrófonos: "Echo de menos aquí -o sea, tirando piedras- a los miembros de ese millón largo de hogares donde no entra un salario, a los jóvenes sin empleo. Echo de menos a los pensionistas, a los parados".

Hombre, a lo mejor es que ninguno de esos ausentes consideran que su situación mejorará si le abren la cabeza a un policía de una pedrada o enseñando las domingas en el Plaza de Neptuno… todo sea por los desfavorecidos y demás huérfanos de la fortuna.

Por cierto, los del 25-S (se nos va a acabar el calendario para tantos acrónimos) son revolucionarios de extrema izquierda. Protestaban contra los parlamentarios pero los parlamentarios de Izquierda Unida les apoyaban desde el interior. Debe ser la llamada de la sangre, sangre comunista, el totalitarismo más grave de los tiempos modernos que se resiste a abandonar el poder del que le ha expulsado la democracia. La pregunta es: si esta revolución callejera y violenta triunfara, ¿con quién se alinearían, IU y el PSOE, Cayo Lara y Rubalcaba (en la imagen)? Sí, porque recuerden que, durante la II República, cuando la calle se impuso a las urnas, no sólo comunistas y anarquistas se apuntaron al poder de los milicianos, sino también el PSOE y la UGT. El resultado fue la Guerra Civil.

Y, por cierto, parte del nacionalismo moderado catalán y vasco se sumó a los milicianos en ese mismo periodo. Pero eso mejor no mencionarlo en estos momentos, ¿verdad?

Eulogio López

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