"La mujer de Bárcenas no sabía nada, la de Urdangarín no sabía nada, la Julián Muñoz no sabía nada, la de Sepúlveda, tampoco... la mía se entera de todo: está claro, soy gilipollas".

Se trata de un mensaje que corre por Internet y que resume acertadamente la situación.

España no es un país más corrupto que cualquier otro para Europa. Los anglosajones por ejemplo, son más civilizados pero también más hipócritas que nosotros, y lo que hacen es legalizar la corrupción. Pero, en cualquier caso, lo que distingue a los españoles es la tendencia a auto flagelarnos. España siempre está en guerra civil y nuestro principal enemigo es el vecino. Por eso, en lugar de imponer unas reglas claras para terminar en un par de días con cualquier caso de corrupción, la colaboración del vecino en la acusación consigue que los caos no se solucionen ni en dos años y que, además, haya que dramatizarlo porque a los políticos españoles la corrupción les importa un bledo: lo que les importa es utilizarla contra el adversario.

Además, en este crónica de  la corrupción dramatizada faltaba don Balastar Garzón (en la imagen). Y ha entrado como elefante en la cacharrería Cadena SER. Y con todo su prestigio, oiga. Ya sabemos que Carlos Dívar es un dimitido por el "escándalo de los viajes y las cenas", de la misma manera que Javier Gómez de Liaño era "el juez prevaricador". Sin embargo, miren ustedes por dónde, Garzón sólo es un ex magistrado de la Audiencia Nacional. La verdad es que su condición de 'ex' no obedece a que se haya ido a dar unos cursos a Nueva York (no se por qué se me ha podido ocurrir este ejemplo) sino por haber si condenado e inhabilitado en sentencia firme. Pero es que unos nacen con estrellas y otros nacen estrellados. Además, Liaño y Dívar no eran progresistas.

Pues a lo que voy: dice Garzón, que hay que investigar los papeles de El País y que el PP debe dejar de poner pegas y colaborar con la justica. Ya saben, investigar para implantar justicia. 'Sin en cambio', a renglón seguido, ya da pistas de lo que él haría en semejante tesitura porque nos advierte, que independientemente de la conclusión del dicha investigación judicial, la ministra de Sanidad, Ana Mato -la que no se enteraba de nada- debe dimitir. Ya mismo, sin esperar a conclusión judicial alguna, por unos papeles que también deberían investigar y justo unas horas después de que una de las acusaciones, la del confetti y los globos, se ha demostrado falsa e interesadamente manipulada. Pero a Garzón las pruebas le importan poco. Tengan en cuenta que ya no es juez, pero sigue siendo progresista. Cada día más progre.

Y dicho esto, a mí me encantaría que Ana Mato dimitiera. Su política en defensa de la vida no es que sea tibia, es que no existe. Pero que dimita por su actitud filo abortera, no por los confetti o porque lo diga Garzón o porque presione Cospedal.

Eulogio López

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