Aunque puedan parecer dos hechos completamente aislados, no lo son. La Iglesia se ha reconocido siempre por su espíritu de servicio a los demás y de compromiso.

Y eso ha implicado a lo largo de la historia, y seguirá implicando muchas alegrías, pero también dolor, al menos humano.

El servicio de la Iglesia a las sociedades se percibe de diferentes maneras. En España significa atención religiosa y formativa en colegios y escuelas, ayudas a inmigrantes, atención en hospitales, y para ello, la Iglesia necesita financiación. Y no es el Estado quien debe encargarse de esa financiación sino que debe ser labor de los propios católicos. En esto consiste el marcar la equis de la Iglesia en la declaración de la renta. No es un impuesto, porque ese dinero lo paga de igual forma el contribuyente, al Estado o a 'otros fines sociales', sino una ocasión para que los católicos y aquellos que valoran la labor de la Iglesia puedan destinar parte de los impuestos que pagan, a lo que ellos quieran: la labor de la Iglesia.

Pero ese acto de servicio y responsabilidad, también lo es para quienes sirven a la misma Iglesia. Y eso ha significado dolor en muchos casos. Además de las persecuciones que conocemos últimamente en países como Pakistán, Egipto o Filipinas, la agencia Zenit informaba este martes del asesinato de un joven sacerdote colombiano en Bogotá, después de que le intentaran robar el teléfono móvil. 

Segundo asesinato de un sacerdote en Colombia en pocos meses después de que otro joven presbítero de 26 años fuera asesinado de un tiro en la cabeza, a manos de un sicario... de 16 años de edad.  

Estos dos asesinatos son una muestra más de la ingente labor que realiza la Iglesia en los lugares más cercanos, pero también los más recónditos, y la mayoría de las veces, de manera silenciosa y que son las que llevan al 34% de los españoles a marcar la equis. Ojalá que cada año siga aumentando.

Juan María Piñero

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