José Rodríguez Carballo (en la imagen) es franciscano, es gallego y, además, secretario de la Congregación para la vida consagrada y movimientos apostólicos, uno de los nombramientos, no muchos, del Papa Francisco. Y parece que ejerce: su artículo en L'Osservatore Romano no ha podido ser más comentado. En pocas palabras, el responsable vaticano de los religiosos recuerda que durante el último quinquenio el número de religiosos en el mundo ha descendido en más de 13.000, con muchas más deserciones que en el clero secular.

En las crisis que ha sufrido la iglesia a lo largo de la historia -crisis de santidad, que otra no hay- el clero regular aguantaba mejor que el diocesano. Ahora, en las proximidades de un tiempo de tribulación, se han invertido las tornas: el clero secular, el cura, es más fiel a Cristo que el de las distintas órdenes o congregaciones.

Carballo, perteneciente a una congregación como la franciscana, que también sufre su crisis, no está dispuesto al análisis estadístico. Aclara que en la inmensa mayoría se van porque han perdido "el fervor de la primera caridad" (cita evangélica, no de Carballo, pero no creo que sea un mal resumen de su artículo).

Es curioso que las órdenes que mejor han aguantado el vendaval sean las marianas -por ejemplo, los carmelitas- frente a otros carismas, que han vaciado claustros y colegios.

Recientemente, hablaba yo con un franciscano al que ofrecía una sugerencia. Me cortó enseguida:

-Para eso se necesitan curas.

-Pero si son ustedes más de veinte (antes, es cierto, eran muchos más y más jóvenes).

-Nosotros no somos curas. El obispo nos hizo curas, pero no lo somos.

Y lo decía quien acaba de oficiar la eucaristía.

Hay religiosos que desertan y los hay que no desertan pero están hundidos. La receta no es reducir el nivel de exigencia, es decir, el nivel de caridad, sino todo lo contrario. De hecho, hay congregaciones, algunas de nuevo cuño, que no dan abasto con las vocaciones que tienen.

En definitiva, menos críticas a Roma, a la doctrina y a la liturgia por parte de las órdenes tradicionales y más centrarse en la propia crisis. ¿De qué De santidad, como siempre.

Ya saben, lo de la madre Teresa cuando un cristiano progre (algo más tonto aún que un obrero de derecha o que un hombre feminista) le preguntó qué era lo primero que debía cambiar en la Iglesia. La respuesta fue rauda y concisa:

-Usted y yo.

Eulogio López

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