Esperanza Aguirre la ha armado buena al asegurar que si las aficiones del Athletic de Bilbao y el Barça silban el himno nacional español y al Rey -o al Príncipe- debería clausurarse el partido y celebrarse a puerta cerrada.

Entre otras cosas porque, sabiendo que eso va a ocurrir de todos modos, es más lógico hacerlo a puerta cerrada desde el primer momento. Aguirre se ha pasado dos pueblos.

Pero Sandro Rosell, presidente del Barça, se ha pasado tres. Asegura que cada aficionado tiene derecho a expresar sus sentimientos. Y no, la libertad no consiste en expresar los sentimientos sin pensamientos. Fíjense si será así que si yo expresara los sentimientos que me provoca la gansada del señor Rosell, el señor Rosell me llevaría a los tribunales (pues bueno es él).

No estamos hablando de sentimientos positivos, consistente en animar a unos colores, cantar y hasta desgañitarse para alentar a los jugadores. Se trata de insultar a quien te va a otorgar la copa, que no en vano se llama Copa del Rey. Y si no creen ni en el Rey de España, ni en España, ni en sus símbolos: ¿por qué juegan la competición que lleva el nombre del Rey de España? Dice el PNV que Aguirre es una pirómana: Pues Rosell es el rey de los pirómanos.

Que no son sentimientos, Sandro, príncipe que son ofensas, injurias y muy, muy mala leche.

Eulogio López

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