No hace falta quitarles poder a los ayuntamientos ni reducir su número. Basta con quitarles funcionarios y políticos cobrables. Quien quiera entrar en política que lo haga con vocación de servicio público.

Y añado: mejor sería quitarles más funcionarios a las comunidades autónomas que a los municipios.

Segundo mandamiento del nuevo sistema institucional al que obliga la crisis. Al funcionario no hay que pagarle menos -porque, salvo excepciones, cobran poco- lo que hay que hacer es obligarles a trabajar más horas. En España no sobran funcionarios y sí sobran políticos. El problema de los funcionarios no es de cantidad, sino de productividad.

Subvenciones no, contratas, siguiendo el principio de subsidiariedad: lo que pueden hacer los particulares que no lo haga el Estado. Mejor la enseñanza concertada que la enseñanza pública. Sale más barata y es de más calidad.

Al final, todos estos principios se resumen en uno: la propiedad privada debe primar sobre la pública. La propiedad privada, convenientemente repartida, es la que hace libre al hombre, además de ser más eficiente. La propiedad pública no existe. De hecho, es una usurpación de la propiedad de cada ciudadano, donde los políticos juegan con el dinero de los demás. No existe la propiedad pública, sólo la propiedad estatal. Además, la mejor manera de luchar contra la corrupción política es reducir el papel de los políticos y de las grandes corporaciones empresariales. Es decir, de quienes juegan con el dinero de los demás.

Lo que ocurre es que el PP (Rajoy en la imagen) siente vergüenza de defender la propiedad privada -insisto, propiedad privada pequeña-, del mismo modo que siente vergüenza a la hora de defender la vida humana, la familia natural o la libertad de culto de los cristianos. Vamos, que siente vergüenza de sí mismo y de su historia.

Eulogio López

[email protected]