La verdad es que pedirle explicaciones, urgentes y en sede parlamentaria, al PP sobre el Caso Bárcenas, para ser exactos sobre la entrevista entre el ex tesorero encarcelado y el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez (en la imagen), no serviría de mucho. Nadie se iba a quedar contento con las explicaciones. De hecho, a los políticos la corrupción les interesa sólo como arma contra el adversario.

El mismo lunes, leo una entrevista en el mismo diario El Mundo, con el callo más endurecido del país, Cayo Lara, quien pide que dimita media España: el Rey, el presidente del Gobierno, la cúpula del PP por Bárcenas, la cúpula del PSOE por los ERES y Jorge Javier Vázquez. Bueno, esto último no lo pidió pero debería haberlo hecho. A fin de cuentas, es más influyente y más dañino que Pedro José.

Pues digo, que Cayo Lara pidió la dimisión de media España pero no la de su segundo, Diego Valderas, el personaje que lucha contra los desahucios pero se aprovecha del desahucio de un vecino.

Que no, que así no vamos a llegar a ningún sitio, aunque nos vamos a roer el hígado con entusiasmo. Contra la corrupción sólo se lucha dejando hacer a los jueces -que son muy peligrosos pero es lo que hay- y dejando claras las reglas del juego. Un político debe dimitir, no cuando es imputado, sino cuando es condenado.

Hay otra medida que eliminaría la corrupción: acabar con los políticos profesionales. Menos en cantidad -tenemos demasiados políticos- y, sobre todo, con limitación de mandato. Cuando un poderoso tiene fecha fija de caducidad, da mucho miedo y él mismo se cuida mucho más de no meter la mano en la caja, no vaya a ser que comprometa su vuelta al sector privado.

Eulogio López

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