• El interés del bono español a diez años supera el 7,2%, el nivel al que fue rescatada Irlanda.
  • Además, la prima de riesgo continúa su escalada y se sitúa por encima de los 582 puntos básicos.
  • Pero aún hay más: el IBEX se desploma más de un 2,4% y coloca a las empresas a tiro de OPA.
  • A todo esto, Rajoy hace el ridículo desde el G-20: "La decisión de Grecia es el preámbulo de estabilidad económica".
  • Pero Montoro admite que la situación es "crítica" y "crucial".

La jornada no había comenzado del todo mal, por lo menos en cuanto a los indicadores macroeconómicos se refiere. Así, la prima de riesgo registraba una cierta bajada, así como la rentabilidad del bono español a 10 años, que aunque continuaba cerca del 7%, parecía que se alejaba de este porcentaje crítico. El IBEX, por su parte, comenzaba la sesión con subidas, tímidas pero subidas.

El respiro, sin embargo, ha durado pocos minutos. Una vez que Grecia está neutralizada tras las elecciones, los mercados han decidido extorsionar a España. Dicho y hecho. El interés del bono de referencia ha llegado a superar el 7,2%, nivel, por cierto, al que fue intervenida Irlanda. Y es que no es posible financiarse si para ello hay que pagar el 7% de intereses.

Por su parte, durante la mañana de este lunes, la prima de riesgo ha llegado a superar los 582 puntos básicos, acercándose a la barrera crítica de los 600. Esta situación de incertidumbre también ha quedado reflejada en la bolsa. Sin ir más lejos, el IBEX 35 ha registrado, durante la jornada, caídas superiores al 2,2%, debido sobre todo a las entidades financieras. Al cierre de estas líneas, la mayoría de ellas se desplomaban más de un 2%, ahondando así en la caída de su capitalización bursátil.

Vista la situación, cobra mayor importancia la medida adoptada por el Ejecutivo a favor del blindaje de las empresas del IBEX para evitar la entrada poco deseable de compañías extranjeras en su capital. Y es que, a día de hoy, por ejemplo, el cuarto banco del mundo -el Santander- solo cuesta algo más de 44.600 millones de euros, una ganga a ojos de grandes corporaciones.

A todo esto, Mariano Rajoy, a su llegada a la reunión del G-20 en Los Cabos (México), ha hecho el ridículo manifestando que "la decisión de los ciudadanos griegos es, con seguridad, el preámbulo de la estabilidad económica que todos deseamos y necesitamos". Como se ve, de estabilidad nada de nada.

Sin embargo, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se ha mostrado más realista y ha admitido que la situación es "crítica" y "crucial", con la rentabilidad del bono y la prima de riesgo en niveles de récord. Tras las elecciones griegas, Montoro ha afirmado que "las presiones de los mercados siguen insistentes sobre España" porque las "las dudas persisten. Dudas en el ámbito de la construcción europea, sobre el presente y el futuro del euro, sobre la capacidad de recuperación de España", ha señalado, para luego insistir en la necesidad de que el BCE responda con "firmeza y fiabilidad" a los mercados. Es decir, que Draghi abra la manguera de la liquidez frente a unos mercados que, en palabras de Montoro, "aún intentan obstaculizar".

Pablo Ferrer

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