Luis de Guindos (en la imagen), ministro de Economía e Investigación -menos malo como ministro de Economía que de Investigación- asegura que lo más importante en esta tímida recuperación económica que vive el mundo es como salir de la política del manguerazo.

El manguerazo fue la presunta solución adoptada por la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra para responder a la mayor crisis financiera de los últimos 100 años: inundando el mundo de dinero, dándole a la máquina de fabricar dinero. Luego se unieron más tímidamente, el Banco Central Europeo (BCE) y ahora, a lo bestia, el Banco del Japón.

Es decir, respondieron a la crisis con la creación de dinero postizo. A una crisis financiera, que es algo así como utilizar mangueras para reparar los males de una inundación.

El dinero es el medio de canje de la economía, no la economía en sí misma. Una sociedad está obligada a crear el dinero que necesita para atender su producción, no a crear dinero para incentivar la producción, porque aumentando la cantidad de dinero en circulación no se aumenta la producción y se fastidia el bienestar. Por ejemplo, se crean burbujas porque el exceso de liquidez desdibuja el valor de los bienes y servicios. Es como comparar el papel del empresario con el avaro de Molière.

No comparto la preocupación de Guindos, entre otras cosas porque creo que no estamos saliendo de la crisis. Sencillamente, nos hemos acostumbrado a vivir peor. Pero ya es algo que alguien, aunque sea ministro de Economía, se plantee que llegará un momento en que tendremos que dejar de fabricar dinero, porque no es más que dinero postizo. Precisamente, el que nos llevó a la crisis.

Y saben lo más curioso. Que todo lo que acabo de explicar es una obviedad. Y cuando hay que recordar lo obvio es que algo no marcha. Pero no en la economía sino en la pelota de los mandamases. Hace un cuarto de siglo, no más, todo el mundo tenía claro lo que era el dinero postizo y por qué debía ser evitado. Hoy parece que no.

Eulogio López

[email protected]