Hablábamos ayer del nuevo Código deontológico del Colegio de Médicos. Los dos médicos presentadores no se cansaron de hablar de valores.

Hablan de implantar la objeción de conciencia cuando lo cierto es que se la cargan, hablan de sedación cuando lo cierto es que nadie niega la mitigación del dolor sino el homicidio. Pero lo más importante: se venden valores que son antivalores, el mal convertido en bien, es decir, la blasfemia contra el Espíritu Santo, que es la clave del Nuevo Orden Mundial (NOM): el malvado tradicional, secular, habitual, hacía el mal para conseguir provecho, por comodidad, por pasión o para evitar molestias. Se justificaba, sí, pero no daba el paso final de elevar la práctica a teoría: no elevaba el aborto, la negación de la conciencia o la eutanasia al grado de credo moral. Esto es a lo que me refiero cuando repito que el anticlericalismo posmoderno no se parece al clásico: no pretende destruir a la Iglesia, sino conquistarla, reescribir los mandamientos y, supongo, ser elegido Papa. Cuando oigan hablar de confusión en el siglo XXI, estamos hablando de esto.

Y lo malo es que España, a pesar de ser un país desorientado, orienta. Mantiene su influencia en Hispanoamérica, por ejemplo, en Argentina. Cristina Fernández ha impulsado un proyecto abortista en Argentina, donde hoy el movimiento provida celebra una jornada por la vida. Lean la radiografía que la página NOTIVIDA realiza sobre el proyecto antivida en la nación hermana: no hace otra cosa que repetir la campaña antivida de Zapatero, secundada por la derecha pagana española, es decir, por el Partido Popular.

Eulogio López

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