Decíamos ayer que lo mejor para la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), es decir, para la Fundación CEU San Pablo, sería que los dos candidatos a hacer cabeza, Alfredo Dagnino y Carlos Romero abonaran antes de la segunda vuelta y pactaran un tercero, un hombre de consenso que no sea profesional, vamos, que no cobre un euro, condición que seguramente mostrará a todo el colectivo su rectitud de intención.

Por eso mismo, también aseguraba el abajofirmante que se trata, no de profesionalizar, sino de des-profesionalizar y, de paso, de re-cristianizar una institución que corre el peligro en el que han caído tantas órdenes religiosas educativas, líderes en la enseñanza de las matemáticas y nulos en el catecismo.

Pues bien, dado que algunos ponen en solfa esa excesiva profesionalización de los propagandistas, vamos con algunas cifras: una tercera parte de los miembros de la ACdP trabaja para la Fundación. De los 13 secretarios -que nombra el presidente en este caso Dagnino- 12 cobran sueldo de la fundación.

Es así como se crean pequeños vicios. -Lo de pequeños es un verdadero eufemismo-: de los 120 firmantes de apoyo a la candidatura de Dagnino más de 60 entraron a partir del 2005, es decir, los introdujo Dagnino. Es decir, que los propagandistas están  calcando los métodos de la campaña política electoral: se trata de ganar a los otros, porque son enemigos de los nuestros.    

Está claro: si no quieren que el CEU entre en barrena, Dagnino y Romero deben irse, se debe suprimir el carácter ejecutivo y respecto a los de recristianización Bueno, ésa es otra historia un poco más complicada y que no se arregla con la dimisión de los dos candidatos.

Oiga, y los propagandistas nacieron para cristianizar la sociedad no para medrar en la sociedad desde un organismo cristiano.

Eulogio López

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