Al tiempo, el Ceo del grupo pone El País a disposición de Rajoy: necesita que los bancos vuelvan a hacerle un favor con la deuda. Los de Liberty empiezan a sonar a coña en toda la comunidad financiera. No se pueden vender más activos hasta que no se sanee el balance. Al final, PRISA quedará en El País o la Ser, como mucho

Dos son los misterios de la actualidad española del momento. En primer lugar, ¿por qué el dominical de El País ha dedicado un reportaje estilo Hola -alaba siempre nunca critiques, también conocido como "todo el mundo es güeno"- al líder de la oposición, Mariano Rajoy? En segundo lugar, ¿por qué Liberty, propietario de 67% de PRISA -conocido ya como la 'coña de Liberty' entre los ejecutivos de la casa, está dispuesto a pagar a los Polanco y otros accionistas tradicionales dos euros por unos warrants que podrían satisfacer a 80 céntimos?

Lo cierto es que la aportación de capital -mínima y a precio de saldo- de los fondos agrupados para la operación no ha servido para nada porque nunca se pretendió que sirviera para reflotar el grupo editorial. Se trataba de que Juan Luis Cebrián, que fue quien les buscó, orillara a la familia Polanco, a los sucesores del fundador, para al final expulsarlos. Casi se ha conseguido pero los accionistas de siempre siguen estando ahí.

Al final, ¿quien va a pagar la deuda de PRISA que llegó a estar en los 6.000 millones de euros y ahora ronda los 4.000? La respuesta es: la propia PRISA. Liberty no ha sido sino una operación de capital riesgo -compra apalancada con vistas al desguace de la empresa- sólo que dirigida por el propio consejero delegado y sufrida por el conjunto del Grupo, llamado a empequeñecerse y filetearse.

Por eso, ahora mismo Cebrián necesita, ante todo, ganarse las simpatías del nuevo gobierno de Mariano Rajoy, al que ha prometido que El País se comportara como un diario de izquierda civilizada. El acercamiento de Cebrián a una mujer tan ambiciosa como Dolores de Cospedal ha resultado fundamental. De ahí el sahumerio del pasado domingo.

Ahora bien, el desastre era de tal magnitud que no es suficiente. Hay que desguazar deprisa pero no pueden vender con una deuda que le sitúa en práctica situación de concurso de acreedores. No está bien visto. Por eso, PRISA necesita al Gobierno para que hable con los bancos y les convenza, 'again' de que se comporten como buenas personas -aunque ello suponga comportarse como a los gestores-. Una vez refinanciada la deuda se acelerará el desguace. El objetivo final es quedarse con El País y la Cadena SER, e incluso la permanencia de ésta última en el Grupo también está en discusión.

Ahora bien, ni aún así salen las cuentas. Por eso Cebrián ha llamado en su ayuda a Carlos Slim, el magnate mexicano que siempre compra a pérdidas. Cebrián quiere que Slim compre títulos de PRISA en poder Liberty, muchos de cuyos fondos buitre se están cansando de esperar. Naturalmente, Slim exige algo más influir en la gestión: exige controlar El País, lo que no le ha permitido New York Times, del que posee el 7,3% del capital. Eso sí, primero hay que arreglar lo de los Polanco y la avidez de Liberty. Su salida, quiero decir.

Eulogio López

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