• Se celebraron antes de la ruptura pública pero ahora podrían repetirse.
  • El PP estudia un pacto fiscal con Cataluña... pero sin referéndum.
  • En el entretanto, Mas intenta un Gobierno de coalición con ERC.
  • El líder de CIU, que en la noche del domingo pensó en dimitir, busca ahora un referéndum para 2014.
  • El PSC es el que más anhela un pacto con CIU pero en CIU se resisten.
  • Y en todo este lío conviven los dos soberanismos: el identitario de ERC y el económico de CIU.
  • Y cuidado, porque los líderes convergentes son más independentistas que sus propios votantes.
  • Y los Pujol apoyan a Mas... mientras no se ablande.
  • El 15-M, el CUP, llega al Parlamento en el Parlament.

La famosa reunión de septiembre en Moncloa, entre el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy y el de la Generalitat, Artur Mas (en la imagen), con rueda de prensa de éste última incluida, no era más que la escenificación mediática de la ruptura. Antes se habían dado varias reuniones -en Madrid-, entre ambos líderes, reuniones secretas, donde Más no consiguió arrancarle a Rajoy un acuerdo económico, pacto fiscal o similar. Tras la ruptura llegó lo que todos sabemos.

A partir de ahora, hay dos opciones: o ambos líderes vuelven a hablar o no hablan. Si lo hacen, Rajoy podría proponer a Mas un pacto fiscal con Cataluña pero sin someterlo a referéndum. Y es que la consulta popular sobre un acuerdo económico se parece demasiado al referéndum soberanista.

Además, Artur Mas no está por la labor. La deriva segregacionista es demasiado fuerte en Convergencia y Unió, donde la familia Pujol mantiene el apoyo condicional a Mas, bajo la vieja fórmula de "Rey soberano será, si hace nuestra voluntad".

Y pudiera ser que Artur Mas se cansara porque la noche del domingo electoral ganas le dieron de tirarlo todo por la borda. Además, la actitud montaraz de CIU ha creado catalanofobia en el resto del país. Por ejemplo, ahora mismo dos mujeres perpetuamente enfrentadas, como Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría coinciden en aconsejar a Rajoy que no ceda ante CIU, bajo el principio de que las reivindicaciones catalanistas no tienen límite. Y ojo, porque el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, asegura que el pacto fiscal con Barcelona sería contraproducente para la economía española.

Pues bien, si no hay acuerdo Rajoy-Mas, el presidente de la Generalitat buscará un acuerdo con ERC, segunda fuerza con más escaños aunque tercera más votada. Ojo, no quiere un acuerdo parlamentario, sino de Gobierno de coalición. Considerando la política económica que propugna ERC contra los recortes, ante un Gobierno como el de CIU que ha recortado mucho más que Rajoy en el conjunto de España, ese Gobierno podía durar menos que un caramelo a la puerta de un colegio (aunque el colegio sea bilingüe).

Y en cualquier caso, si CIU-ERC se empeña en convocar el referéndum la ruptura con el Gobierno de España será total y Madrid evitará esa consulta por la fuerza. (Tranquilos, por la fuerza de la ley).

El que más anhela un pacto con CIU en Cataluña es Rubalcaba, pero el PSC sabe que su España federal sigue representando aquello que más odia CIU: el café para todos.

Además, no olvidemos que tras los resultados de ayer, Artur Más ha ganado pero ha perdido. Una parte de sus votos se los ha llevado ERC, que es lo que más preocupa en los nacionalistas de CIU: que sus hermanos de ERC les chantajeen. ¿Se imaginan a ERC promulgando el decreto de un euro por receta?

No se puede hablar de mayoría segregacionista porque los líderes de CIU son más independentistas que sus votantes. Además, hay dos soberanismos en Cataluña: el de ERC y el de CIU. El de ERC es un soberanismo romántico, irracional, lo que ahora hemos dado en llamar identitario. El de CIU es un nacionalismo económico, que podría arreglarse con un pacto económico, aunque en Génova hay dudas al respecto. La frase favorita es dónde está el límite. El de ERC es enfrentamiento puro.

En cualquier caso, Mas es ya un hombre prisionero de sus propios planteamientos. Se ha empeñado en convocar un referéndum para 2014, es decir, cuando se cumple el tricentésimo aniversario de la entrada de Felipe V en Barcelona. Y recuerda al PP que en su programa lleva que el pacto fiscal también hay que someterlo a referéndum. Pero insisto, mucho ojo: Rajoy no está dispuesto a admitir esa consulta, que se parecería demasiado, dado el estado actual de cosas, a un referéndum por la independencia. En resumen, la exigencia del Gobierno español, para llegar a ese pacto, es doble: acuerdo parlamentario, no referéndum, y que Convergencia se dé por satisfecha. A ser posible públicamente.

Por otra parte, el 15-M ha entrado en el Parlamento, porque ya se sabe que esos antisistema siempre están deseando encontrar un sistema en el que introducirse. A estos antisistema -por supuesto en Cataluña ferozmente segregacionistas- les das un buen salario, un buen sillón sobre alfombra y una tarjeta de crédito y se te enamoran del sistema por la vía rápida.

Eulogio López

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