Ya no es ningún secreto -¿verdad- que PP y CIU están condenados a entenderse. Habrá pacto sobre financiación autonómica y la suficiente generosidad por parte de Madrid como para que la Generalitat se dé por satisfecha. Cataluña es distinta a Euskadi porque en Euskadi hay muertos, asesinados, y esa es muy otra y más peliaguda cuestión. 

Ahora bien, el problema es que Artur Mas se ha dejado llevar por el delirio secesionista y muchas de sus bases se lo han creído. En definitiva, que se ha metido en una jaula de la que ahora no sabe cómo salir.

Recuérdese que la única condición del Gobierno de Rajoy a CIU es el 'prou' de Mas. El líder catalán tiene que dejar claro que con ese acuerdo sus ansias autonomistas se dan por satisfechas y… se den por cerradas. Pero es la casta dirigente de CIU la que ha creado su propio monstruo: sus juventudes, y buena parte de sus votantes se han creído el delirio secesionista que les han vendido y ahora no quieren dar marcha atrás. Esto es lo grave.

Artur Mas, como buen aprendiz de brujo, busca ahora una manera de celebrar un referéndum sin celebrarlo, mientras Rajoy le advierte, en frase de uno de los puentes entre Madrid y Barcelona, que "sin finales no hay principios". Es decir, que si CIU va a mantener la amenaza secesionista, no merece la pena filmar ningún aspecto fiscal ni acuerdo de ningún tipo.

En Barcelona, aseguran que Mas intenta, antes de romper con ERC, hacer un referéndum que no se pueda perder. Pero eso, desde luego, no conforta en Madrid. Sabe que cinco 'noes' a la independencia de una consulta popular no valen nada -siempre se puede pedir otro- pero un solo 'sí' resulta definitivo y no tiene marcha atrás.

Al final, lo preocupante no es el independentismo catalán, una muestra de romanticismo tardío. No, lo preocupante es que el nacionalismo catalán se acabe convirtiendo en un credo, una religión. Ya he explicado cómo dos catalanes, hombres de empresa, de alta posición y más que mediana formación, aseguraban que Cataluña se descristianizaba porque el catolicismo era algo que se identificaba con lo español. Es más, uno de ellos, pasando de lo general a lo particular, aseguraba que la culpa la tenía el obispo de Madrid, Rouco Varela. Centralismo y cristianismo, al parecer es todo uno y lo mismo para muchos nacionalistas catalanes. Y eso sí es un problema.

Y si Rajoy fuera listo, permitiría que Artur Mas sometiera a referéndum, no la independencia de Cataluña, naturalmente, sino el pacto fiscal que propone a los catalanes desde Madrid. Así mataría dos pájaros de un tiro y permitiría a Mas salir del atolladero donde se ha metido... un día en el que había bebido una copa de más.

Eulogio López

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