• Eso sí, en su segunda conversación con la alcaldesa, le exigió que adoptara medias drásticas. A las pocas horas, dimitía Pedro Calvo.
  • Eso sí, ni en Moncloa ni en Génova entienden que el vicealcalde Miguel Ángel Villanueva, no haya acompañado a Calvo.
  • No es Esperanza Aguirre quien aspira a la Alcaldía sino la delegada de Gobierno, Cristina Cifuentes, aunque no es concejal.
  • En Moncloa consideran que Botella ha cometido fallos pero no que deba dimitir.
  • Y se ha pedido, tanto al Ayuntamiento como a la Comunidad, que bajen el tono.

Han sido los días más difíciles para la alcaldesa de Madrid, Ana Botella (en la imagen), por el caso Madrid-Arena. No por las peticiones de dimisión del socialista madrileño Tomás Gómez, cuyo prestigio político está por los suelos, sino por la rebelión en su mismo partido.

A Botella no se le acusa en Génova del desastre sino de su pésima gestión del desastre, cuando su segundo, Miguel Ángel Villanueva, reaccionó en un primer momento ¡en defensa de la empresa organizadora!, encima propiedad de un conocido suyo.

Y mientras, el juzgado anuncia más imputaciones y señala al Ayuntamiento como responsable civil subsidiario.

Al final, el escándalo llegó a la cúpula del Partido Popular y tuvo que intervenir directamente el presidente Rajoy. Sobre todo, porque en Génova, Dolores de Cospedal iba a por todas: quería la dimisión de Ana Botella. Rajoy paró el envite de Génova pero dejando claro -dos conversaciones con Ana Botella- que tenía que cortar de raíz con el escándalo. A las pocas horas de la segunda conversación dimitía Pedro Calvo, aunque muchos aún se preguntan cómo el cese-dimisión no afectó también al vicealcalde Miguel Ángel Villanueva.

Al mismo tiempo, desde Moncloa, se ha pedido a la Comunidad de Madrid y al Ayuntamiento que bajen el tono.

Y no: no es Esperanza Aguirre quien pretende sustituir a Botella como alcaldesa. Sí lo pretende -aunque no es concejal y tendría que esperar a otros comicios, la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, que no oculta su enemistad manifiesta con la alcaldesa.

Se ha salvado pero, ¿ha quedado tocada Ana Botella en su carrera política? Desde luego. Ahora, además, cuenta con otro enemigo: Alberto Ruiz-Gallardón, de quien heredó la alcaldía. Pero el ministro de Justicia debe tener cuidado. Basta con que Botella renuncie a hablar sobre la gestión de la deuda del municipio, el más endeudado de toda España.

Miriam Prat

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