• El nuevo arzobispo de Madrid se presenta a los medios de comunicación, a los que pide ayuda en su misión de anunciar a Jesucristo.
  • El hombre, dice, se ha olvidado que está hecho a "imagen de Dios, que es amor", que puede recuperar la paz y que es un peregrino.
  • Ahí está la radiografía que Osoro hace de la enfermedad del hombre de hoy, que "está desdibujado, desencantado y desorientado".
  • Huye de cualquier polémica y lanza un mensaje conciliador para no "prescindir de nadie".
  • Hablará con todos los políticos, si le dejan, porque tiene "una adscripción a Jesucristo, que me adscribe a todos los corazones de los hombres".

Carlos Oroso, nuevo arzobispo de Madrid (en la imagen), es un hombre sereno y muy poco dado a entrar en polémicas. Es más, huye de ellas como de la pólvora. Las neutraliza de inmediato con una permanente llamada a sumar y no a restar ("Dios no prescinde de nadie"). Así se ha mostrado esta mañana en su primera rueda la prensa, una diferencia de estilo que ha sorprendido a los presentes, periodistas en su mayoría, por aquello de que se dejara preguntar o saludara con afecto, uno a uno, a las personas que le iban a escuchar.

Carlos Osoro ha centrado su mensaje en lo que ha llamado 'las tres D', que dan muchas luces para comprender la realidad del hombre de hoy. Esas tres 'des' son, ha explicado, el desdibujamiento, el desencanto y la desorientación. "Es vital anunciar la alegría liberadora de Jesucristo" para acabar con ellas: para que el hombre "sepa de nuevo quién es", que está hecho "a imagen de Dios, que es amor" (algo que se ha desdibujado en las almas), que "es un peregrino en esta tierra" (por eso está desorientado) y que puede recuperar la paz y la esperanza (poniendo fin al desencanto).

Ninguna declaración gruesa o altisonante ni nada que se le parezca. Habla con calma franciscana. A preguntas cortas, respuestas largas, plagadas de anécdotas, y con un objetivo muy claro: "anunciar a Jesucristo con palabras y con obras". Eso arroja un balance inevitable: pocas preguntas. Y no se ha cortado el nuevo arzobispo en pedir la colaboración de los medios de comunicación para esa misión.

Ha hilado fino, como decía, para despejar el balón ante cualquier polémica, aunque fuera sutil. Preguntado sobre la organización El Yunque y su presencia en la Diócesis de Madrid, se ha limitado a insistir en la importancia de predicar a Jesucristo. "No sé, ni he estudiado el tema, pero voy a predicar", ha señalado, después de precisar que "el que está apuntado en algo que no tiene que estar apuntado, se irá".

Desde esa reflexión ha insistido en el criterio de no aparcar a nadie: "Ni condenas, ni derrotas, sino amor al Señor". "Del centro (Dios) a la periferia", a los sacerdotes, a la familia, a los jóvenes, a los desplazados  que ha dejado fuera "la cultura del descarte", en palabras del Papa Francisco, y un largo etcétera. "En nuestra sociedad hay nuevas formas de esclavitud, algo que se ha tomado en serio el Episcopado inglés, a pesar de que la esclavitud se abolió hace tiempo". Ha aludido, en ese sentido, a la importancia que tiene la Doctrina Social de la Iglesia y no se ha ahorrado ejemplos sobre el trato denigrante a las personas, como trata de esas personas, los talleres clandestinos, la droga y otras formas de esclavitud... que "no permiten hacernos los distraídos".

Se le ha preguntado también si sería capaz de ilusionar al clero, momento que ha aprovechado para remarcar que él es "un mero instrumento", pero que eso no quita para prevenirse contra múltiples tentaciones, como la de no dejarse sorprender por Dios o la fácil caída en algún tipo de buenismo, lejano de la realidad. Pero todo eso, paralelamente, exige a su vez contener otras tentaciones, como la huida del sacrificio ante situaciones difíciles, la de creer que las cosas se arreglan rápidamente o la de "creerse propietario y patrón" en lo espiritual, descuidando la realidad.

Antes de preguntarle por los políticos, Osoro ha puesto en voz alta su teléfono móvil para que los presentes escucharan el mensaje que le dejó el Papa Francisco, felicitándole. No lo escuchó hasta unas horas más tarde porque tenía el aparato en silencio.

Y sobre los políticos, ¿qué ha dicho Nada que no se apartara de la línea principal de su discurso: hablará con todos los que le dejen hacerlo porque tiene "una adscripción a Jesucristo, que me adscribe a todos los corazones de los hombres". Les dirá también, si se lo permiten, que lo más importante es la persona y "la principal tarea, servirla". Se trata, ha dicho, "de querer de verdad a las personas que tenemos delante sean quienes sean y en todo lo que son, no en lo que a mí me apetece que sean".

Mariano Tomás

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