Los ingleses aseguran que ninguna hormiga donde hay granero ni ningún predicador donde hay dinero.

Sucedió con Antonio López, aquel pionero de la comunicación bancaria en España, portavoz del banco de Bilbao. 

Sogecable, entonces Canal , el Grupo Polanco, nació como televisión de pago para convertirse en el reino de la pornografía. Entonces, el fallecido Jesús Polanco lío a todos los grandes banqueros y empresarios para atarlos en las tinieblas. Si querían que la empresa marchara tenían que tragar con el cine porno.

Los March, el BBVA, Jaime Botín: no faltaba ninguna de las grandes familias bancarias. Naturalmente, cuando Polanco y Cebrián dejaron de necesitar su dinero (bueno, el dinero de los demás que ellos manejan en cuanto banqueros) les dejó tirados. Y ellos aceptaron, sumisos, porque nadie se atrevía a enfrentarse a un editorial de El País o a una soflama de la Cadena Ser (sí, eran otros tiempos).

Pero alguien se resistió. Fue Emilio Ybarra (en la imagen), entonces presidente de BBV, quien se permitía el lujo de tener problema de conciencia (¡Cuánta ignorancia!). Ordenó a su representante en el Consejo de canal Plus, Antonio López, que dijera que a BBVA no le parecía bien que el nuevo canal se lucrara con la basura porno. ¡Allí fue Troya! En pleno consejo, con el resto de prebostes calladitos, Polanco y Cebrián se lanzaron a la yugular de López: en el mundo de los negocios, el concepto de justicia es propio de predicadores, no de empresarios progresistas. Polanco no se quedó ahí: llamó a Emilio Ybarra y el abochornó su cavernícola conducta.

Han pasado los años y ahora el grupo PRISA, en quiebra técnica, con un Cebrián que se ha cargado a los sucesores de Polanco, insiste en mantener el mismo poder de antaño, como representante consolidado del nuevo Orden Mundial en España. Ahora ha liado a Santander y Caixabank (el BBVA de FG se ha escaqueado y ha hecho bien) y a Telefónica, pues si la operadora no compra Sogecable, PRISA entra en concurso de acreedores. Y las condiciones son las mismas: tú pon el dinero, la ideología la pongo yo. Y ya se sabe de qué ideología estamos hablando.

Eulogio López

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