Hispanidad fue el primero en hablar de desamortización de las cajas, así como la de la razón última de esa barbaridad que Zapatero califica como reforma financiera, consistente en convertir a las cajas en bancos: que se cobra más en una sociedad anónima que en una entidad mutual.

Esta reforma pasará la historia como una de las mayores burradas del Zapaterismo, un verdadero latrocinio, vendido como el acabóse de la modernidad.

Pues bien, ya hay quien insiste en que estamos ante una verdadera desamortización. En El País, Josep María Vallès, habla de la desamortización del siglo XXI y recuerda que no se benefició a los pobres, precisamente, aunque se hiciera en nombre de los pobres. En El Economista, Rubén Manso, insiste en la misma tesis con una aportación extra: recuerda que, en nombre de la reforma, durante el tiempo que dure la nacionalización, el Gobierno contará con un poder omnímodo en el sector financiero. Mucho me temo que, cuando el proceso termine, el poder en la cajas se lo repartirán los grandes fondos extranjeros, siempre preocupados por el crédito en España, el mantenimiento de industrias estratégicas y la obra benéfico social.

La aniquilación de las cajas constituye una verdadera conjura de los ricos.

Eulogio López

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