El Premio Príncipe de Asturias de Investigación -institución que preside el vicepresidente del Banco Santander, Matías Rodríguez Inciarte- ha sido concedido a los descubridores del Bosón de Higgs. Naturalmente, todo lo que se pueda vender como una alternativa a Dios -de hecho, le llaman "la partícula de Dios"- es acogido con entusiasmo por el Nuevo Orden Mundial (NOM), fenómeno en el que se inscriben los Premios de mi pueblo ovetense.

Y está muy bien lo que han logrado los físicos premiados porque, como aseguraba un colaborador del Instituto de acelerador de partículas, "las partículas tienen masa y esa masa tiene que crearse de alguna manera". Claro, pero no la puedes descubrir de adelante hacia atrás, sino de atrás hacia adelante. Aristóteles respondería a los manipuladores del trabajos del CERN: sólo se puede explicar que exista algo con un ser que sea en sí mismo la existencia. Y a ese ser le llamamos Dios.

En efecto, el Bosón de Higgs no sustituye a Dios, porque la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién creó el Bosón de Higgs Las cosas se explican muy bien unas por otras, lo difícil es explicar por qué hay cosas. Dicho de otra forma: la ciencia puede explicarnos como una cosa pequeña se convierte en algo grande, pero no el salto de la nada al ser. Y la nada, créanme, no es algo muy pequeñito: es la ausencia de ser.

Da lo mismo. No los científicos, mucho más sensatos, sino quienes jalean a la ciencia como alternativa a Dios, han encontrado en el bosón una oportunidad para vender ateísmo práctico. Y en ello están. Pero el Bosón de Higgs no puede sustituir al Creador, ni tan siquiera darnos luces sobre la creación: sólo explicarnos su desarrollo.

Y hay que seguir investigando, porque nos pude explicar muchos enigmas sobre el desarrollo del universo, pero no sobre su origen.

Eulogio López

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