El manifiesto por una manifestación atea -o sea, anti-tea- el próximo Jueves Santo dice así: "El motivo de pedir el acto en el día llamado Jueves Santo por la ICAR (Iglesia Católica Apostólica y Romana) es porque nos parece el día más indicado para decir ¡Ya no más privilegios al clero! En este día son tomadas las calles por procesiones haciéndolas prácticamente intransitables y ofendiendo la sensibilidad de quienes estimamos la vida en plenitud, felicidad y libre de todo sufrimiento".

Que sean comecuras, incendia-iglesias y tontiblasfemos está mal. Ahora bien, ¿es necesario que sean tan horteras como convocar una manifestación por la vida en plenitud? ¿Es imprescindible la cursilada de manifestarse por la felicidad? ¿Cómo se puede ser tan relamido como para exigir una vida libre de sufrimiento?

En 1956 la revolución cultural China, el mayor genocidio de toda la historia moderna, se lanzó bajo el cursilísimo lema: "florezcan mil flores". A lo mejor algunos de los organizadores de la marcha atea del Jueves Santo vivió en florecimiento oriental.

Claro que a lo mejor es para que doña Cristina Cifuentes, derecha pagana en estado puro, se apunte a la nueva religión de los ñoñiateos, la religión de la felicidad.

Eulogio López

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