La campaña de publicidad que lleva el eslogan: "Yo marco el ritmo, también en la universidad", está impulsada por la Sociedad Española de Contracepción (SEC) y la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE) con la colaboración de Bayer HealthCare.

Esta acción persigue mejorar la responsabilidad anticonceptiva de los jóvenes y el conocimiento de fármacos como la píldora o el doble método. Es una unión entre una sociedad que impide la concepción de los hijos, una federación que pretende la planificación de los nacimientos y unos laboratorios que sólo buscan el lucro económico a costa de la muerte de muchos potenciales seres humanos, indefensos e inocentes.

El imperio de la muerte no se puede detener desde que el grupo farmacéutico alemán Bayer adquirió el 88% de Schering, por lo que la conformación de Bayer Schering Pharmaceuticals se ha convertido en la reina de la anticoncepción química.

Los productos abortivos de Bayer los respalda el Servicio Nacional de Salud (SNS), de modo especial, su producto estrella PDD Postinor, con la que están obteniendo grandes beneficios, todos los accionistas de empresa, a costa de millones de abortos y de pervertir a una generación de adolescentes. Bayer intenta inculcar la cultura de la muerte entre los jóvenes.

Durante el nazismo, Bayer fabricaba el Zyklon B, la marca registrada de un insecticida compuesto principalmente por cianuro y que se usó en la Alemania de Adolf Hitler, durante el Holocausto para asesinar a millones de judíos. Era el gas más barato para asfixiar a los internados en el campo de la muerte de Auschwitz, el crematorio nazi más espacioso.

Este producto lo fabricaba la compañía IG Farben, compuesta por la unión de la farmacéutica Bayer y otras 2 compañías alemanas. También conocido como Cyclon B que consistía en ácido cianhídrico. Se almacenaba en envases herméticos; al contacto con el aire, producía cianuro de hidrógeno gaseoso (HCN).

La clase médica no debe recetar los productos de los laboratorios Bayer ya que se trata de una multinacional de la muerte. De hacerlo se estaría cooperando al mal.

"Cada individuo de la especie humana es sujeto de unos derechos inalienables que le convienen sólo por ser humano y estar vivo, entre los cuales el primero de todos es el derecho a vivir, a no ser matado", asevera Ramón Pí.

Clemente Ferrer

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