El británico, y cuáquero, Barclays compró en España el Banco de Valladolid y el Banco Zaragozano. Entre el uno y el otro vendió al Comercio (antiguo Banco de Bilbao) lo más granado de su red de oficinas. Ahora vuelve a las andadas.

El norteamericano Citi -que siempre balsona de ser el primer banco del mundo hasta cuando no lo es- ha comprado y ahora vende, al Popular. Sobre todo la banca doméstica, que por su carácter escasamente especulativo se les atraganta a estos chicos tan amantes de comprar hoy para vender mañana. No en vano los anglosajones son los inventores de la banca de inversión.

Y es que forzar la ganancia rápida y la codicia especulativa en el país de las cajas de ahorros resulta complejo. Para ganar dinero con el negocio bancario en España hay que tener mucha paciencia. Por eso, el primer y más especulativo banco del mundo, el HSBC, no le gusta la banca española. Prefiere operar desde paraísos fiscales y, naturalmente, desde ese superparaíso fiscal que es la City londinense.

Los anglosajones no saben hacer banca doméstica, porque no han tenido cajas de ahorros. Sí, ya sé que nos hemos cargado las cajas de ahorros, pero eso es porque los españoles vivimos en permanente guerra civil con nosotros mismos y nos encanta destruir nuestras mejores realizaciones, suicidarnos. No ha sido Emilio Botín quien ha enseñado a hacer banca a las cajas de ahorros. Han sido las cajas las que han enseñado a hacer banca doméstica, la más difícil, la más ética, la que más contribuye al bien común, a las grandes corporaciones. Pero para eso se necesita tiempo y, de paso, dinamitar el Banco Internacional de pagos de Basilea (BIS), uno de los más señalados enemigos del progreso mundial.

Todos los papanatas aseguran que las cajas cayeron por su politización. No hagan caso. Las cajas cayeron por los decretos del Bis y porque los cajeros españoles se cansaron de ser buenos y quisieron ganar tanto dinero como los banqueros.

Las cajas de ahorros eran la banca cristiana, es decir, la banca no especulativa. Y les aseguro que con el negocio típico bancario, en el que eran especialistas las cajas de ahorros y al que ahora imitan los bancos españoles que se las han comido, es difícil especular. La banca tradicional, doméstica, sí aporta algo al bien común, especialmente el multiplicador bancario: poder prestar con la derecha más de lo que recoge en depósitos con la izquierda. Además, fomentaban la industria y evitaban su deslocalización, atendían necesidades sociales con la OBS, proporcionaban crédito a quienes lo necesitaban y financiaron la compra del bien más preciado por los españoles desde hace dos siglos: la vivienda en propiedad. Todo ello lo hacían sin participar en créditos sindicados, mercados de derivados, titulizaciones y productos estructurados o hipotecas basura. Vamos, que sabían tratar a la gente.

Ahora que nos hemos cargado las cajas, todo eso porque los españoles somos idiotas, sí, pero eso, claro, no es culpa del BIS, ese brazo armado del Nuevo Orden Mundial y de su más plena realización: la economía financista, donde lo que importa no es el producto, sino el rentista. Los bancos españoles han heredado, más que bien, el espíritu cajero, pero los anglosajones no pueden con él. Afortunadamente. Pero espero que los Botín, FG, Ron, Oliú, Goiri y cía, mantengan el aprendizaje de las cajas de ahorro: la banca doméstica. Porque Barclays y Citi (en la imagen) han demostrado que no saben hacerlo.

Por cierto, otra prueba de si pervive el formidable espíritu cajero de España lo tendrán ustedes en lo que ocurra con la aceitera Deoleo. Las antiguas cajas de ahorros y algún banco poseen el 51% de esta pieza clave del aceite de oliva. Además, existen dos socios industriales españoles en su accionariado. Sin embargo, es posible que todo acabe en manos de nuestro peor adversario en el mundo, el otro gran productor, Italia.

Eso los italianos no lo permitirían, en España, durante décadas, con gobiernos pusilánimes que se decían profesionales para encubrir su negligencia, eran las cajas de ahorros las encargadas de jugar el papel de sostén accionarial de grandes empresas (Telefónica, Iberdrola, Repsol, Indra, etc.). Gracias a las cajas no se desindustrializó a España. Pues bien, esperemos que Deoleo no acabe en manos de los italianos, que cogerán nuestro aceite, lo empaquetarán mejor y lo venderán al doble deprecio. Todo muy profesional… y muy especulativo. Y muy idiota.

Eulogio López

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