Mientras Rodrigo Rato (en la imagen) entraba en el juzgado, voces airadas armadas con pancarta le decían de todo menos bonito. Ya he enunciado mi opinión sobre Rodrigo Rato y su labor en Bankia. No, no ha engañado a nadie, salvo a sí mismo. No, no metió la mano en la caja, sino que le perdió su ambición por ser un gran banquero. Fusionar dos bancos ya es una tontuna grande, pero fusionar siete cajas de ahorros y convertirlas en un banco es sencillamente imposible, una barbaridad que no se le ocurre ni al que asó la manteca.

Y no, Bankia no debía haberse salvado, debía haberse liquidado. Es como cuando el Banco de España asegura que resultaba más barato vender el Banco de Valencia que liquidarlo: miente por definición.

Pero volvamos a los manifestantes de Bankia cuando Rato entraba en el juzgado: "Somos ahorradores, no inversores". Pues mire, no: si usted es un titular de preferentes es un inversor como la copa de un pino. No es un especulador, pero sí un inversor. Como tal inversor, usted asumió un riesgo y perdió la apuesta. Ahorrador es el que tiene el dinero en el banco porque hoy en día resulta casi imposible tenerlo bajo el colchón y, además, no rinde nada. Precisamente porque las preferentes rendían unos sabrosos intereses, es usted un inversor, no un ahorrador.

Si, en su condición de inversor le mintieron, tendrá que irse a los tribunales y al Banco de España, que para eso está, y para eso tiene un servicio de reclamaciones: debería poder utilizar la autoridad del supervisor para que su reclamación no le salga por un potosí. Pero es usted un inversor.

Cuando su director de banco le dijo que estaba dispuesto a pagarle, en lugar del 0,1% de una cuenta corriente, un 6%, ¿usted no le preguntó a qué se debía el milagro? Sí, es cierto que -pongamos a la viejecita que hace lo que le dice el director de sucursal- se le engañó. Pues para eso están, insisto, el Banco de España y los tribunales… y la CNMV. Pero ni la viejecita era una ahorradora. Era una inversora que jugaba a un alto interés. No se le leyó la letra pequeña y por eso el banco debe ser castigado.

Pero caramba, ¿tantas viejecitas había en España? Para mí, que no toda la culpa la tenía Rato.

Eulogio López

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