El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri (en la imagen), convirtió al BBVA en el banco más rentable del país. También lo hizo su jefe de filas, Francisco González, fiel a su estilo de domesticador de directivos, quien decidió cesarle para que no le quitara el puesto. Injusto, sin duda, pero en las películas de la vida no siempre gana el bueno.

Ahora Goirigolzarri, preside Bankia pero no se si el nombramiento ha sido acertado. Miren ustedes, Goiri no es un cirujano, lo suyo no es reflotar bancos; lo suyo es convertir bancos buenos en bancos líderes. No está hecho para una emergencia sino para prevención. Ha llegado a Bankia sin equipo y desde su llegada poco ha hecho en el negocio del día a día. Se ha limitado a decir cuánto capital necesita (y medido al alza, para no pillarse los dedos) y ha presentado unos resultados lamentables para el primer semestre.

Además, Bankia se convierte en el arquetipo de banco salvado con dinero público: un precedente peligrosísimo. Así, el dinero europeo no ha llegado, y tendrá que ser adelantado por el FROB -ahora sí: a Bankia vamos a salvarla entre todos los españoles- pero bajo la máxima de que un banco no puede ganar indefinidamente pero sí puede perder indefinidamente.

Y encima, todo banco salvado ha de obedecer los dictámenes de Bruselas. En plata, Bankia se dispone a vender todo su grupo industrial, uno de los más importantes de España, dejando desguarnecidas a empresas estratégicas españolas (Iberdrola, Indra, Iberia, SOS, etc.). Y no va a vender, va a malvender.

El rescate bancario es un desastre, el rescate de España será -si se hace- un desastre elevado al cubo. Ni la banca española ni la deuda soberana necesitan ayudas públicas ni europeas, que no son ayudas sino créditos. Lo que necesitan son cirujanos de hierro, a los que no les tiemble el pulso si tienen que amputar.

Eulogio López

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