El corralito de principios de siglo no consistió en que los argentinos no pudieran acceder a su dinero en su banco -que en parte, también- sino en la ruptura de la paridad peso-dólar.

En otras palabras, que de la noche a la mañana, un dólar pasó a valer 3 pesos, cuando antes valía uno. Conclusión: si tenía 100 dólares en el banco se me convirtieron en 33. No me extraña que se armara muy gorda.

En España no existen dos monedas, sino una, el euro. Y que Bankia se derrumbe en bolsa no significa que no le vayan a dejar sacar su dinero en Bankia. En teoría, que la cotización se desmadre no tiene nada que ver con que usted no pueda pagar sus depósitos. Ahora bien, si surge el pánico, en efecto, habrá problemas.

El pánico se produjo el jueves. Ese día, el presidente del banco, José Ignacio Goirigolzarri, se puso ante una cámara de para asegurar que los depositantes y los inversores podían estar tranquilos. Primer error: el problema de Goiri ahora mismo no son los inversores sino los depositantes, que son muchos más en número.

Y luego el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, un tipo inteligente y un economista capaz, pero lo suyo no es la retórica. Señor ministro: no basta con decir que no puede haber corralito en Bankia (el corralito argentino, además, no afectaba a un sola entidad, sino a todas) sino explicar el porqué. Y más cuando hablamos de una entidad, Bankia, cuyo nombre no existía dos años atrás.

Y además, Montoro y Goiri debieron recordar que el Estado español se responsabiliza de hasta 100.000 euros por depositante y entidad.

Caramba, que no es tan difícil.

Eulogio López

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