Ayudar a las familias será uno de los lemas de la Fiesta de la Sagrada Familia, que se celebrará en la madrileña Plaza de Colón el próximo día 30 de diciembre.

Hace bien el cardenal Rouco en salir a la calle y los católicos debemos acompañarle en su osadía: tomar la Plaza de Colón… y no precisamente para enfrentarse a la policía, es una manera de romper el cerco de censura que impone a los católicos lo políticamente correcto. A fin de cuentas, decir que el futuro es de la familia es una tautología. Claro: sólo la familia natural suele tiene muchos hijos, porque sólo el compromiso en el que se funda la familia natural, o sea, cristiana, es capaz de atreverse con una prole numerosa. Así que asegurar que el futuro es de las familias numerosas, generalmente cristiana, no es una conclusión, es una tautología.

Ahora bien, ¿eso significa que el Estado no puede ayudar a las familias? Gran mentira. Puede y debe, porque la familia es, en pocas palabras, el único lugar donde el hombre es libre, donde con permiso de la ley de la Gravedad, no publicada en el BOE, podría comer, no ya en el suelo, sino en el techo, si le así le peta.

Pero se lo estamos poniendo difícil, muy difícil, a los jóvenes que ponen en marcha una familia, a los que se comprometen. Todo está planificado para que les resulte difícil, muy difícil, tener descendencia.

De ahí que si un Gobierno quiere ayudar a la familia, con crisis o sin ella, ha de promulgar el salario maternal. En definitiva, ha de ayudar a toda pareja que se atreva a tener hijos con una ayuda pública para criar al futuro contribuyente. Como hacen en casi toda Europa, dicho sea de paso, que no se trata de inventar nada.

Eulogio López

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