• Y a Portugal Telecom (PT), con 12,2 millones por no entrar en España.
  • Además, no se trató de un pacto secreto, sino de una cláusula del contrato de compra de la brasileña Vivo.
  • Y en el entretanto, a Google ni tocarla.

Una vez más la Comisión Europea se ensaña con los que se dejan y le mete el rejón sancionador a los países pequeños y más desprotegidos. Los que pensaron que Joaquín Almunia (en la imagen), por ser español, se convertiría en una cruz menos pesada para España de lo que fue la holandesa Noelie Kroes, se equivocaron por completo.

Ahora ha trascendido una nueva sanción millonaria de Bruselas contra Telefónica y Portugal Telecom -66.894.000 euros a Telefónica y 12.290.000 euros a Portugal Telecom- por acordar un pacto de no agresión en sus respectivos mercados. Telefónica y PT cerraron hace dos años las negociaciones para que la española tomara el control de la brasileña Vivo, y en el marco de esas negociaciones las compañías establecieron cláusulas que ahora Europa sanciona.

Esto tendría sentido si estuviéramos hablando de cláusulas que se aplicaran o que tuvieran algún efecto, especialmente sobre terceros, pero no es el caso. El párrafo en conflicto fue anulado por las partes en el mismo momento en que Europa manifestó que no le gustaba. Y aún así, la máquina de multar en la que se ha convertido la UE para los países más perjudicados ha vuelto a actuar.

La falta de mala intención o de picaresca por parte de Telefónica y PT era tan obvia que elevaron su contrato para revisión de la UE y no mostraron la menor oposición a eliminar la cláusula. Por más que Almunia la busque, no hubo alevosía ni mucho menos nocturnidad. Pero es más fácil multar a compañías que "existen", que están presentes, que tributan y que se dejan, que plantarle cara a la principal amenaza que enfrenta el sector digital europeo en los últimos tiempos.

En definitiva, las dos compañías acordaron, en el contrato de compra de Vivo, que PT no entraría en España y que Telefónica no entraría en Francia. En el supuesto de que ese acuerdo, público, atente contra la libre competencia, lo cierto es que no perjudicaría a otros que a los dos firmantes. Hasta ahora, hemos entendido las leyes antimonopolio como normas hechas para que el grande no limite al pequeño. Ahora, Almunia descubre, y con una sanción más que potente, que también la autolimitación atenta contra la libre competencia. Al parecer, en Bruselas todo el mundo barre para casa... menos el comisario español.

La Comisión debería plantar cara en algún momento, cuanto antes a poder ser, porque los tiempos tecnológicos son muy cortos. Las empresas sólo digitales (Google, Facebook, Apple y compañía) -las que no tienen parte 'hard'- son las que están verdaderamente distorsionando el mercado y obteniendo ganancias casi obscenas sin tributar por ellas en los países donde las consiguen.

En este momento la competencia de Telefónica no es Portugal Telecom ni ningún otro operador tradicional. La competencia más salvaje y sin control de las autoridades, por ahora, viene por el aire, desde mucho más lejos, y sus consecuencias son aún imprevisibles si los sesudos comisarios europeos siguen mirando hacia otro lado por pura cobardía. Sobre todo si el lado al que miran son las compañías que sí invierten, sí compiten y sí hacen frente a las multas.

Miriam Prat

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