Esta es una historia de la crisis donde no se habla de crisis, sino de miedo.

El nacionalismo vasco ya ha fechado para 2015 la independencia de Euskadi. La agenda política hay que prepararla con tiempo. El presidente del PNV, Íñigo Urkullu se presentó en Madrid, mañana del jueves 3, con la habitual carga de eufemismo y el habitual síndrome de Estocolmo de los nacionalistas. No habló de independencia, pero sí de derecho de autodeterminación a plazo fijo: dentro de cuatro años. En su versión Síndrome de Estocolmo, Urkullu dio un paso más allá de la equidistancia: hay dos tipos de víctimas: las de los etarras y las de los españoles, y ambas merecen todo nuestro respeto, pero Arnaldo Otegi no debió ser encarcelado mientas la juez Murillo, las de los cabrones, sí debe ser recusada.

Es más, ETA ha lanzado un comunicado de abandono de la violencia que supone "una conquista cívica, fin sin contrapartida y paz por paz". Por el momento, no es preciso iniciar el proceso de beatificación de los etarras pero no estaría de más un homenaje por los gudaris caídos por Euskadi. Esto último es mío, no de Urkullu, pero no exagero si aseguro que estaba implícito. Al menos lo del homenaje.

El problema del PNV se llama síndrome de Estocolmo. Tiene miedo a sus compañeros de viaje, los proetarras, pero no pueden aparentarlo, así que vierten sus manías contra la policía, que ha provocado muchas víctimas. Pero lo preocupante no es eso: lo preocupante es que el PNV no teme a los españoles, a pesar de que Urkullu hable de las "víctimas policiales", temen a los proetarras, porque, como el resto del país, no están seguros de que no vuelvan a matar y, sobre todo, porque tras cuarenta años de violencia, los radicales han tomado las calles de Euskadi y el moderado tiene miedo a hablar en voz alta. Y por cierto, ahí se demuestra que el nacionalista vasco guarda un gran parecido con el español: valiente en el frente de batalla y cobarde a la hora de hablar en voz alta en tiempos de paz.

Vamos que no sé si la nota de la banda ha sido una conquista cívica pero lo que el PNV siente es mucho miedo cívico a quien le tiene secuestrado. Por eso se encabrona contra sus aliados naturales, que son la gente pacífica, sean españoles de Bilbao o españoles de Badajoz.

Se lo cuento de otra forma: en Vascongadas el miedo al violento o al amigo del violento impera entre la ciudadanía. Nadie se atreve a decir lo que piensa. De ahí las alabanzas a los etarras. Le tiene miedo al tortazo, pero también al tartazo.

Traducido a la campaña electoral para el 20-N, que comenzará a las 00,00 horas del viernes 4, esto significa que el electorado vasco, menos el catalán, no vota ideas, sino identidades. Ni tan si quiera, salvo algún maqueto perdido, votan, como en el resto de España, crisis económica. Sólo "el conflicto", de donde se deduce que Euskadi más que una comunidad autónoma o un país es un problema, el problema vasco. Los nacionalistas eligen entre el independentismo burgués del PNV y el independentismo arrabalero de Bildu y compañía. Los no nacionalistas, eligen entre la socialdemocracia del PSE o la derecha capitalista del PP. Pero lo que decide, al final, es la cuestión soberanista. Como debate ideológico, parece muy pobre y, desde luego, no colabora mucho a la salida de la crisis.

Eulogio López

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