Decíamos ayer que si han votado más de 2 millones de catalanes en la puesta en escena de Artur Mas, el asunto merece atención por parte del Gobierno de España.

Al mismo tiempo, tenemos al ciudadano Mas, cuyo narcisismo deriva hacia la locura. Toda su obsesión parece consistir en que la Guardia Civil -a ser posible esa misma, la Benemérita, arquetipo del fascismo español- le ponga las esposas ante las cámaras de televisión. Nuestro hombre está empeñado en convertirse en un nuevo Lluis Companys, a ser posible sin fusilamiento ulterior.
El independentismo catalán no es el único responsable del guerracivilismo español pero ayudar, ayuda

Y lo peor es que hay un precedente: durante la II República, el separatismo catalán coadyuvó, no sólo a la guerra civil, sino al nihilismo anarquista de la FAI, que en Barcelona dejó un rastro de asesinatos, especialmente de católicos, curas y seglares. De fascistas varios, para entendernos. Y aquí también contamos con otro precedente catalán: la Semana Trágica. La multitud se rebela por una nueva leva de reclutas impecunes -justa rebelión- pero la reacción es comenzar a quemar iglesias. ¿Qué tenía que ver la Iglesia con la política de defensa del Gobierno

E insisto en que el paralelismo entre lo que ocurre en Cataluña y la nebulosa 15-M, ahora con sucursal en el barriada burgalesa de Gamonal, tiene un mismo origen: una especie de acracia social, de falta de disciplina y sin autoridad alguna, que utiliza cualquier excusa (la remodelación de una plaza de toros, por ejemplo) para romperle la crisma al vecino, so pretexto de reivindicación popular, pacífica pero casualmente generadora de violencia. En la España de hoy todo el mundo se apunta a un bombardeo.

En resumen, la consulta -o lo que sea- debe ser tenida en cuenta por Mariano Rajoy pero sus resultados son indescifrables. Naturalmente que los que votaron eran, en su gran mayoría, independentistas, pero el mero hecho de que votaran los mayores de 16 años, o la ausencia de censo y de controles, convierte a la participación ciudadana del 9-N en un montón de premisas sin conclusión posible pero, eso sí, altera la convivencia. La actitud de Joan María Piqué, el jefe de prensa de Mas, rompiendo el manifiesto que pretendía entregar al President una representante del partido VOX y restregándoselo por la cara, sin que Mas moviera un dedo por defenderla, representa la mejor imagen de lo que sucede hoy en Cataluña. Con un resultado inequívoco: más guerracivilismo. Sí, España está en riesgo de guerra civil. No como la de 1936, que fue guerra ideológica, sino una guerra civil de todos contra todos. ¿Más llevadera Yo creo que no: ¿Qué más da que te mate el rojo o el facha... o que te mate el vecino porque está cabreado por el paro o con la corrupción

Y lo peor, en términos políticos (que no son los términos más importantes): el diálogo ente Madrid y Barcelona, entre Rajoy y Mas, se pone imposible. Ese pacto que debería haberse producido hace dos años, de cuyo fracaso ambos políticos son culpables, se convierte ahora en diálogo imposible. ¿Qué va a negociar Rajoy con un Mas que se ha quitado la careta y vota independentismo ¿La independencia de Cataluña por los votos de una parte de los catalanes que quieren separarse, a costa de imponer su voluntad, no ya al resto de catalanes sino al conjunto de los españoles Como aseguraba un entrevistado por Telemadrid -por cierto el canal de televisión que mejor ha contado lo que ocurrió en Cataluña el domingo-, "cuando vote todo el país yo también votaré".

Porque a Artur Mas ya no le basta un acuerdo económico. Ese tiempo, el tiempo de la lógica y la cordura, ha quedado atrás.

Eulogio López

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