Llega la feria del arte moderno, ARCO. Alguien dijo que si es arte no es moderno, y el propio Antonio Gaudí -en mi opinión el genio del arte moderno- renunciaba al apelativo modernista porque, como buen católico, repudiaba al modernismo, no como una herejía, sino como el compendio de todas las herejías. El modernismo filosófico no es más que el intento de crear un cristianismo sin Cristo. O, si lo prefieren, como decían en la genial sátira Sí Ministro (Capítulo el Gambito de Obispo), en referencia a la Iglesia de Inglaterra:

-¿Qué es un clérigo modernista

-Es un clérigo que no cree en Dios.

-¿Pero si es un ateo cómo es cura

-Porque si se confesara ateo perdería su estipendio, señor ministro.

Volvamos a ARCO, vademécum del arte contemporáneo. No es la primera vez que se confunden modernidad con majadería (a lo mejor es que es muy parecido). Recuerdo que ARCO albergó, en el pasado, retratos blasfemos, más feos que Picio, pero se trataba de dar la nota, claro.

Ahora, los indignados han llegado a ARCO y lo que se prepara es un desfile de señoras en pelotas de cintura para arriba. Ya se sabe, cuando hablamos de honradez hablamos de cintura para arriba, cuando hablamos de honestidad nos referimos al espacio de cintura para bajo.

Pero las FEMEN han descubierto que también pueden ser des-honestadas de cintura para abajo.

¿Y esto es grave Pues hombre, es una indecencia más, pero lo que más me preocupa no es que unas doñas exhiban sus domingas en la feria del arte moderno. Lo que realmente me preocupa es el motivo: con las domingas al aire quieren expresar su denuncia central a clase política. Y es seguro que tendrá éxito: saldrán en todas las televisiones del país. Y, al mismo tiempo, no lo duden: los políticos, tras contemplar las domingas de las susodichas, darán un giro copernicano y se volverán honrados, serviciales y... simplemente maravillosos.

Estamos hablando de arte.

Eulogio López

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